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Entrevista imaginaria a Carlos Delgado Chalbaud

«En Carlos Delgado Chalbaud vive el jefe que no comanda. El que, atrapado por su propio destino, no logra tener el poder de decidir completamente sobre las acciones que determinarán su legado»

Entrevista imaginaria a Carlos Delgado Chalbaud

Por Guillermo Ramos Flamerich

Carlos Delgado Chalbaud: El jefe que no comanda

El presidente de la Junta Militar de Gobierno se considera un hombre de corte liberal y progresista, sopesa que los hechos del 24 de noviembre de 1948 fueron una respuesta al «estado de ingobernabilidad» y sectarismo presentes en las altas esferas de poder

Carlos Delgado Chalbaud es un personaje atípico en la historia contemporánea venezolana. En él, convergen el militar y el intelectual; el representante de una familia tradicional y heredero de un hombre venido a menos a causa de la política; el ciudadano de mundo inserto en una sociedad que poco conoce pero la cual reconoce como suya. Es Carlos Román Delgado Chalbaud Gómez, a sus cuarenta años de edad, un militar y político que por perspicacia propia y avatares del destino, hoy en día es el responsable de comandar una Junta Militar de Gobierno, la cual ha prometido ser provisional y «preparar las normas que regularán la expresión de la voluntad del pueblo».

Delgado Chalbaud nos recibe en su residencia de la urbanización El Pedregal. Antes de comenzar la entrevista comentamos ciertos temas de interés general. En el fondo se escucha la Sinfonía Pastoral de Beethoven, afirma que la música clásica siempre ha sido de su predilección: «Esta música reanima el alma, es pura. La Traviata es otra de mis piezas favoritas, quizás la mayoría de las óperas italianas». Se conoce que Delgado no es sólo aficionado a la música académica. La poesía, literatura, historia, religión y política, forman parte del temario de sus agrados y lecturas. Sabe hablar inglés y francés a la perfección. Es de resaltar que la educación de este teniente coronel ha estado signada por la vanguardia y el cosmopolitismo.

Sus primeras lecciones las recibirá del Colegio San Pablo de Caracas, luego, en París se incorpora al Lycèe Lakanal, donde finaliza su educación media. En 1930 se matricula en L’Ecole des Travaux Publics, donde obtiene el título de ingeniero. Un año antes, había acompañado a su padre: Román Delgado Chalbaud, disidente del gomecismo, en una expedición fallida realizada en las costas orientales de Venezuela a bordo del vapor Falke.

¿Cómo recuerda a su padre?

Como un patriota. Alguien que arriesgó su vida por el país y por sus ideales. Con sus principios fue fiel y justo. Fue un hombre audaz, por eso murió. Cumplió cuanto se prometió. ¿He de reprocharle algo? No. Lo menos que puedo hacer es enorgullecerme de ser hijo de alguien consecuente con sus compromisos. El cual peleó por la libertad, mal o bien armado, hasta su último aliento.

Tras la muerte de Juan Vicente Gómez, Delgado Chalbaud se asienta en el país que lo vio nacer un 20 de enero de 1909 en la ciudad de Caracas. Luego de asimilarse al ejército nacional, por disposición de la institución castrense es enviado al L’Ecole Militaire et d’ Application du Genie de Versailles, donde se gradúa en 1938 como Ingeniero Militar.

—¿Cómo se da el movimiento conspirativo que derroca a Medina el 18 de octubre de 1945?

El presidente Medina había dejado de lado a las Fuerzas Armadas Nacionales. Para ese entonces yo era jefe de estudios en la Academia Militar. La modernización del componente no se daba. La calidad de vida: uniformes, equipos y ración de los oficiales no eran suficientes. Muchos eran los que adentro de la institución conspiraban. Recuerdo al teniente Edito Ramírez que me comentó sobre lo que se estaba gestando. A su información respondí que me diera un tiempo prudencial para pensar el hecho. Acepté. Existían vínculos con los civiles a través de las relaciones que tenía la Unión Patriótica Militar con Acción Democrática. Así se forjó el 18 de octubre. Esos mismos ideales, traicionados por la división y el odio, dieron paso a los hechos del 24 de noviembre.

—Cuando habla del término traición, muchos afirman que usted traicionó a Rómulo Gallegos, quien lo consideraba una especie de «hijo putativo»y de quien usted había sido su Ministro de Defensa.

No creo haber traicionado al Maestro Gallegos. Siempre he estado claro de su valía como intelectual, como hombre de las letras nacionales en el mundo. Sí, yo viví con él en Barcelona de España. Las relaciones que tejió conmigo y con Lucía fueron muy estrechas. Pero yo que lo conozco, puedo decir con absoluta franqueza que el Maestro no era el hombre más indicado para manejar la primera magistratura nacional. Como evidencia está la situación de ingobernabilidad presente durante sus días en el poder. Pero el principal responsable de su caída no fue él, fue su partido.

Carlos Delgado Chalbaud está casado desde 1933 con la rumana Ludbow Berliand, conocida en nuestro país como Lucía Levine. Tienen una hija: Helena. Los gemelos Carlos y Román, son producto de la relación con la francesa Juliet Jorneau. De Lucía se dice que es afín a las artes y humanidades, también a las ideas de izquierda. Lo cual levanta polémica sobre la tendencia ideológica de su marido.

—¿Cuál ideología profesa Carlos Delgado Chalbaud?

Me considero un hombre de ideas liberales a cabalidad. Creo en el progreso de los pueblos, su desarrollo moral y físico, su evolución. Creo en el ejercicio sincero del poder. Me considero un gran admirador de los movimientos sociales surgidos a lo largo de la historia de la humanidad. Admiro la Revolución Francesa. Marcó un hito en el progreso del individuo y de la ciudadanía. No confío en las dominaciones oligárquicas y exclusivistas, tampoco en la demagogia como forma de gobierno.

Este hombre blanco, delgado, pelo lacio y complexión atlética, es considerado por su inteligencia y poder magnético con las mujeres. Otros lo observan como un dandi, un afrancesado que llegó a la cúspide del poder como «paracaidista». Se dice que es inseguro a la hora de tomar una decisión. Detrás de su uniforme se refugia un ser tímido, inteligente y de salidas inesperadas. Logra ser sociable y de hacerse valer por sus conocimientos pero, no termina de encajar en algún círculo específico. ¿Cómo lo recordará la historia: héroe o villano? ¿Cuántos colegios, urbanizaciones y plazas llevarán su nombre? En Carlos Delgado Chalbaud vive el jefe que no comanda. El que, atrapado por su propio destino, no logra tener el poder de decidir completamente sobre las acciones que determinarán su legado.

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