Caracas 444º

«Mucho queda por hacer y crear. Soñando también se construye. En estos 444 años hemos tenido tiempos malos, regulares y buenos. Sintamos la dicha de pertenecer a esta ciudad, de ser caraqueños»

Caracas 444º

Por Guillermo Ramos Flamerich

«…Caracas podría definirse como una paradójica contraposición entre la tragedia y la escena virgiliana; su particularidad narra la insistencia de un espacio que no se reconoce a sí mismo en su potencia descomunal. El hilo de su construcción y desventura reside en el olvido inmemorial»

William Niño Araque

«…en Caracas se decía vitoqueado cuando un tipo salía elegantemente vestido robando físico –como se le llama ahora– y viendo a los demás como gallina que mira sal…». Anécdotas como esta (tomada del libro Así son las cosas por Oscar Yanes),  cobran nueva vida cada vez que se acerca el aniversario de nuestra ciudad capital. Y es que los días próximos al 25 de julio nunca falta en los medios de comunicación alguna reseña sobre la Caracas que fue. Fotografías de comienzos del siglo XX, música de Los cañoneros o Los Antaños del Stadium, y extractos del archivo cinematográfico de Bolívar films. Se evocan los techos rojos y la seguridad del pasado; la tradición extraviada y la pérdida de identidad. El cronista de Caracas explica la fundación de Santiago de León; se desempolva parte de la bibliografía existente sobre la ciudad. Se citan los escritos de: Carlos Misle «Caremis», Enrique Bernardo Núñez y Carmen Clemente Travieso, entre tantos.

También se rememora la Caracas de mediados del siglo pasado. La modernidad conjugada con las elegantes fiestas nocturnas, los carnavales, las historias de «negritas» y el ímpetu constructor de la época. «Pues Caracas está renaciendo de lo que fue el mezquino hacinamiento de casas sin estilo que nos dejó el siglo XIX y se prolongó durante más de tres décadas del presente siglo…», comentaba Mariano Picón Salas en referencia a las obras ejecutadas por Carlos Raúl Villanueva en la reurbanización El Silencio. A esta fiesta del recuerdo se unen las melodías de Billo Frómeta, hermosas radiografías de la ciudad, de encuentro y sensación. Son composiciones ya inmortales, pinceladas del ser y sentirse caraqueño.

Quizás en el presente lo que existen son buenos deseos y la afirmación de hacer algo por esta urbe mágica que tiene varias décadas en declive. A veces pienso que, así como las ruinas del Coliseo y de las estructuras de la antigua Roma, ayudaron a germinar las ideas del Renacimiento, nosotros al observar el deterioro de las Torres de El Silencio, Parque Central, o de los inconclusos tribunales que adornan la vista de la Avenida Bolívar; nos comprometemos a pensar Caracas en presente. Acaso por ese motivo mi abuela Dilia, ya en 1992, en uno de sus versos dedicados al 425 aniversario de la ciudad, afirmara: «No recordemos la Caracas de antaño/ vivamos la Caracas del presente, / démosle en este cumpleaños/ un tratamiento diferente».

Caracas no se escapa a ese claustro que significa estar entre un pasado mejor y un futuro lleno de esperanzas. Poco se habla del presente. Los cariños a la ciudad dejaron de ser integrales para convertirse en reparaciones específicas y la recuperación de alguno que otro espacio público. La pintura (a veces destructora) que se cierne por casas, edificios, paredes, autopistas y avenidas, pareciera ser la única solución. El centro de la ciudad hoy en día muestra una cara más amable, pero al salir de la cuadrícula histórica, la metrópolis sigue demandando servicios básicos, urbanidad y felicidad. El «embellecimiento» de paredes con murales propagandísticos del actual gobierno, me hacen recordar una frase de la Caracas física y espiritual de Aquiles Nazoa: «Pero no hay una ley en Venezuela –ni por lo visto una autoridad– que defienda el derecho de las ciudades a ser bellas».

Es hora de pensar a Caracas con las necesidades de raíz que nos abruman todos los días. La búsqueda de calidad de vida a través de más zonas para la recreación y esparcimiento, más parques para la ciudad; la integración del transporte público y su conversión en un sistema eficiente; mejora y ampliación de servicios públicos básicos como el agua, la luz, el aseo; la reconciliación entre la ciudad formal y la que vive al margen; la seguridad y la sensación de un ambiente para el desarrollo; la promoción turística y cultural; la ciudad eco-sustentable. En fin, la inserción de Caracas nuevamente en el panorama de urbes, tanto latinoamericanas como mundiales, que marcan la pauta del bienestar y la dicha.

Mucho queda por hacer y crear. Soñando también se construye. En estos 444 años hemos tenido tiempos malos, regulares y buenos. Sintamos la dicha de pertenecer a esta ciudad, de ser caraqueños. Ya aparecerán nuevas historias, melodías y poesías dedicadas a la otrora «Sucursal del cielo». También nuevas formas espléndidas de nombrarla. Que describan la suerte y ventura de vivir en ella.

Caricatura de Pedro León Zapata

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