Franklin Brito, testimonio gráfico de una época

«Y al negar su humanidad, traicionamos la nuestra», Elie Wiesel, Premio Nobel de la Paz, 1986. Caricatura de Edo

Franklin Brito, testimonio gráfico de una época

Por Guillermo Ramos Flamerich

Publicado originalmente en el blog Planta Baja el 7 de septiembre de 2010

Recuerdo la noche del 30 de agosto de 2010. Mi twitter retumbaba con mensajes acerca de la muerte de Franklin Brito. Opiniones y reflexiones se publicaban por montones. Un shock séptico dejaba sin vida a una persona que antepuso sus creencias y valores por encima de la comodidad física. Por primera vez los venezolanos evidenciábamos de manera tangible eso denunciado durante años: la indolencia del Estado ante la calidad de vida y realización de sus ciudadanos. El Gobierno nacional podrá desmentir su responsabilidad en el hecho, pero lo que trasciende es su obligación tanto constitucional como moral por procurar la felicidad de nosotros.

Aunque pensamientos del Libertador Simón Bolívar sean reiterados infinidad de veces por parte del primer mandatario nacional, sobre todo uno que indica: «El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de estabilidad política», con su omisión y la negación a una solución consensuada, el Estado venezolano se reafirma como un gigante que de manera desmedida busca el poder como fin último, la permanencia en el poder. Se evidencia también la incompatibilidad del «socialismo del siglo XXI» con la productividad de pequeños y medianos empresarios, así como el no reconocimiento del ciudadano, que sólo es visto como una masa uniforme.

La imagen ya raquítica de Franklin Brito, convertido prácticamente en huesos, es testimonio gráfico de la indiferencia. Al recordarla, me viene a la mente la impactante fotografía de Thích Quảng Đức al inmolarse en 1963, a raíz de la persecución a los budistas por parte del presidente vietnamita Ngô Đình Diệm. La tradición comenta que del monje sólo su corazón quedó intacto, el cual se convirtió en reliquia y legado para su gente. Las repercusiones de la muerte de Brito serán evidenciadas con mayor fuerza en un largo plazo, cuando la noticia se convierta en leyenda.

Otra cavilación sobre este hecho, y regresando al tema de la indiferencia, es el cambio profundo que se ha producido en nuestra forma de ser. La solidaridad a veces es omitida por intereses personales o familiares, para los cuales existen argumentos válidos. Pero situaciones como la de Franklin Brito poco a poco dejan de ser extraordinarias, para convertirse en cotidianas. La desunión de la ciudadanía sólo fortalece a quien poder ya tiene. El desinterés también puede estar relacionado con un profundo temor a quien gobierna. Para concluir, y recordando al Premio Nobel de la Paz, Elie Wiesel, sobreviviente del III Reich, en uno de sus discursos acerca de la indiferencia: «Y al negar su humanidad, traicionamos la nuestra». Sólo una ciudadanía protagónica, es capaz de recuperar su dignidad y así su fuerza como generadora de cambios.

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