Archivo mensual: septiembre 2013

Maestro de las malas palabras

«¡Corran muchachos que ahí viene la Metropuritana!», caricatura de Pedro León Zapata

A finales de los setenta el escritor Salvador Garmendia es reconocido como maestro de las buenas y sobre todo de las malas palabras. El caricaturista Pedro León Zapata está gestando un semanario irreverente, artístico y con mucho humor. Esta es la breve historia de dos amigos, cómplices, en la creación de El Sádico Ilustrado

Maestro de las malas palabras

Por Guillermo Ramos Flamerich

Una calurosa mañana de septiembre de 1978 Salvador recibe una llamada del caricaturista Pedro León Zapata. Son amigos y cómplices, comparten anécdotas de trabajo, hablan de mujeres, de la vida; también son «echados pa’lante»: le ponen al pecho a cualquier situación. La conversación gira en torno de una propuesta que tiene Zapata: un proyecto editorial que está próximo a salir y marcará pauta en el humorismo gráfico venezolano: El Sádico Ilustrado.

«Al oír ese nombre se me cayó de las manos el ejemplar de Juliette, de nuestro padre Sade, que venía leyendo y donde dice: “Imita a la araña, tiende tus hilos y devora sin piedad todo lo que te eche la mano sabia de la naturaleza”», narra el barquisimetano en la presentación de Crónicas Sádicas (1990), un compilado de sus textos para el semanario. «¡Ya Zapata despertó de nuevo! ¡Ahora vamos a hacer la revolución; aunque sea la Revolución Francesa, por la cual no hemos pasado todavía!», bromea antes de conversar sobre la línea y política editoriales.

Zapata le encarga un artículo de tema libre para el primer número, también lo invita a colaborar todas las semanas: «si quieres…», insinúa el tachirense. Sobre los requisitos, explica: «absolutamente libre», sin restricciones de contenido ni en la expresión.

Incrédulo, Salvador pregunta:

–¿Quiere decir que se pueden decir malas palabras?

–Y buenas también, Salvador… Nuestra publicación no albergará ningún tipo de fanatismo… ¡Un siglo de beatería santurrona se va a venir abajo!

Al colgar el teléfono, Garmendia se frota las manos y sonríe de gozo. La nueva publicación le permitirá expresarse a sus anchas, desnudar a ese «país atolondrado y desprevenido que vivía a 4,30». Por varios segundos se queda pensando en la araña, en la paciencia con que teje esa malla de seda. Ella se quedará cerca, agazapada, esperando que la presa se enrede y pueda devorarla. En la casa de Altagracia había muchas arañas. Recuerda que en las esquinas superiores de las tres ventanas de palo siempre había una trampa. Con la luz natural se veían tornasoladas, a veces se alelaba contando las hileras; en alguna ocasión destruyó una red al hurgarla con un palito recogido del jardín… Salvador despierta del ensueño. Sonríe otra vez y regresa a la realidad, debe trabajar en el texto solicitado.

Anuncios

1 comentario

Archivado bajo crónica