Elisa Lerner: de una soledad a otra

Entrevista a Elisa Lerner

Entrevista aparecida originalmente en la revista Ojo (cultura universitaria) edición número 24 – año 2013

Elisa Lerner: de una soledad a otra

Por Guillermo Ramos Flamerich

En un apartamento más bien pequeño pero acogedor de Los Palos Grandes, Elisa Lerner, junto a su empleada de años Juana, convive con sus recuerdos, pero estos son interrumpidos continuamente por el presente. En el estrecho pasillo de entrada está un cuadro de Manuel Quintana Castillo firmado por sus compañeros del grupo Sardio en la ocasión de una fiesta de cumpleaños; también una pequeña pintura de Mercedes Pardo alusiva a su signo zodiacal junto a alguna caricatura dedicada por Pedro León Zapata; muñecas de trapo mexicanas y libros de colección. Todo esto bajo la mirada tranquila de viejas fotos familiares. Pero lo que sobresale de la salita-comedor es la luz que proviene del Ávila. Al fondo se abre una vista serena, es la montaña que guía a la ciudad. Al llegar la tarde solo ese rincón cambia de color. Diferentes tonalidades de anaranjado se logran percibir hasta que cae la noche y se escucha el primer grillo.

Es domingo, el final de una tarde y de semana, Elisa ofrece torta de chocolate y té. La entrevista comienza recordando aquel libro del español Enrique Vila-Matas sobre los escritores que dejaron de escribir: Bartleby y compañía. Menciona el caso venezolano de Andrés Mariño Palacio, precoz escritor que fue dejado al olvido a causa de su enfermedad.

Repasa los años de Rómulo Gallegos y su derrocamiento, los cuales retrata «de manera sesgada» en la novela De muerte lenta, coedición de la Fundación Bigott con Equinoccio en 2006: «Habíamos caído de la manera más tonta en una dictadura». Al poco tiempo ya no quiere hablar de ello: «Cuando escribo algo es porque ya salí de esos fantasmas. Si caigo en la reiteración siento que me estoy convirtiendo en poseedora de un pasado que también le pertenece a otros».

La «aurora galleguiana» es una de las cuatro ocasiones en la vida de Elisa en que ha sentido la euforia de un posible enderazamiento nacional. La primera, en los albores de la infancia: la apertura de Eleazar López Contreras; la segunda, al final de la infancia: el 18 de octubre de 1945; y el 23 de enero de 1958, en plena juventud. Todo esto la ha vuelto algo susceptible cuando se le habla de enrumbar la nación. No confía o desconfía, solo observa como de esas esperanzas se retorna al dolor histórico. 

No tan lejos del temblor del mundo

También está la historia menuda de la «muchachita blanquita que vestía a la europea», de padres rumanos, pero muy caraqueña. La que iba en familia al teatro mucho antes de entrar a la escuela primaria. El vago recuerdo de una actuación de la argentina Paulina Singerman en el Teatro Municipal, unos cosacos que se presentaron en el Teatro Nacional, o el sabor de las tablitas de chocolate Duncan que compraban antes de la función. Es la Caracas de los años treinta y cuarenta, pequeña y humana, «no muy lejos de la belleza y del temblor del mundo», como recuerda en la crónica El sueño de un mundo, recopilada en Carriel para la fiesta (1997).

Su madre Matilde se comunicaba con su hermano en el exterior a través de cartas: «No podías marear la perdiz, o escribir para entretener el paso del tiempo». De un tío viajero, Elisa recibía cartas en inglés, gracias a esas experiencias comprende «que escribir es algo muy serio, es un camino en el que se va de una soledad a otra».

A pesar de sus estudios de derecho en la Universidad Central de Venezuela, convertirse en escritora fue un afán desde la infancia. Cuando leía las secciones literarias de los periódicos, los reportajes de Ida Gramcko, pensaba en la posibilidad de ser periodista, diplomática y escritora. Se ha cumplido, en los años ochenta fue consejero cultural de Venezuela en España. Por insistencia del escritor José Balza publica una compilación de sus ensayos y crónicas bajo el título de Yo amo a Columbo (1979) y gracias al apoyo del historiador Ramón J. Velásquez otra colección de crónicas: Carriel número cinco (1983).

El pulso de la escritora

Para Elisa la escritura ha sido una pulsión sanguínea: «No sabía cuál género escoger, no premedité nada, solo sabía que debía comunicarme». A principios de los cincuenta esas inquietudes la llevan a formar grupo con otros jóvenes con los mismos propósitos. La mayoría, son los amigos del Liceo Fermín Toro, otros van apareciendo poco a poco, en el camino: Adriano González León, Guillermo Sucre, Luis García Morales, Salvador Garmendia, son algunos de los nombres de la inquieta vanguardia: «Para nosotros era el cine, el comienzo de un nuevo y sorprendente teatro, lo barato y asequible de  las singulares ediciones argentinas que podían conseguirse en la modernísima librería Cruz del Sur». Es la gestación de Sardio, y ella la única mujer participante. Las reuniones ocurren a pesar de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Al llegar la democracia el grupo adquiere mayor libertad y puede editar hasta su propia revista.

Precisamente es en la revista Sardio, en su  edición número 7 (abril-mayo, 1960), donde publica su primera pieza, el monólogo de La bella de inteligencia, el cual surge de sus tiempos de recién graduada, cuando busca trabajo y para ello debe leer el periódico por completo, no solo la sección cultural.

La siguiente obra: En el vasto silencio de Manhattan, nace de su experiencia en Nueva York: «una señora presbiteriana que quería aprender español porque cuando la pensionaran quería ir a Bolivia a encontrarse con su hermano». La cena era el momento perfecto para escuchar sus cuentos. Pero es Vida con mamá (1975) la de mayor éxito, no solo por taquilla, también por la crítica. El filólogo Ángel Rosenblat dirá que el español utilizado en ella «es uno de los más puros y hermosos», también el escritor Mario Vargas Llosa tendrá una buena opinión sobre la pieza. Para finales de los setenta Elisa escribe para la revista El Sádico Ilustrado. Toca temas cotidianos, de la cultura popular y de la mujer. Con ingenio y burla se adueña de un género mal visto para la reputación del escritor: lo cómico. Mucho más si se trata de una mujer.

Sus crónicas poco a poco han tomado un estilo más narrativo, se han convertido en relatos como los tres de Homenaje a la estrella (2002) y De muerte lenta, su primera novela. Si los compromisos le permiten, podrá finalizar lo que está escribiendo actualmente. Sobre el movimiento literario del país, editoriales y festivales de lectura en la actualidad, cree que ayudan a escribir con más esperanza: «En un país donde hay escritores de diferentes gamas, el lector puede tener preferencias y no un único poeta o novelista. Es ese un país donde el espíritu se asoma generosamente».

Elisa Lerner y Guillermo Ramos Flamerich

Elisa Lerner y Guillermo Ramos Flamerich. Foto: Luis González del Castillo

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3 comentarios

Archivado bajo entrevista, pensar a Venezuela, perfiles

3 Respuestas a “Elisa Lerner: de una soledad a otra

  1. Muy buena entrevista, bune retrato de una mujer super interesante . felicitaciones.

  2. Eloi Yagüe

    Muy buena entrevista, Guillermo, con elementos de crónica. Es importante que sigas haciendo estos trabajos que documentan la memoria cultural venezolana.

  3. Manuel Cadenas

    Hoy Sabado(Sabatt Shalom..24/11/2017)mi prometida me obsequio una sorpresa:”A muerte lenta”.
    Conocí de Elisa Lerner, hasta hace poco, a través de un libro que regalé a mi novia referente a Caracas, en el Elisa plasma su vivencia sobre la ciudad capital centrada en el ambiente donde vivió: San Bernardino. A mi me agradó tanto su escrito,, que con tan solo ese pequeño cortó relato, la anexe a mis favoritos por así decir. Creo es verdad, leemos más de las plumas foráneas que de las nuestras y no es que no, nos gusten, sino que falta difusión, y en ese sentido como que somos muy excluyentes, tendiendo más a lo clásico y lo mediático, y lo mediático distorsiona y la buena prosa como que no vende.
    ¡Bueno! Me gustó el estilo de la entrevista, donde ella no aparece, sino que el anfitrión escribe a dúo.
    Bendicione y te invito a leer una composición como yo les llamo, escrita por mi.
    El áspid

    Salmo. 91. 13-16

    Ya lo intuia al abrir la puerta, y lo comprobé, pues por el ambiente lo sentía. El esplendor del cielo era espectacular, grandioso e imponente y muy fresco.
    Aun el sol no levantaba a mi vista; los arboles lo cubrían, solo veía hilos y destellos a través de las ramas, la incandescencia de la mañana era tenue, su frescura y el trinar de los alados le daban al ambiente una primaveralidad.
    Al instante, me dio el deseo de plasmar por escrito, el paisaje tan hermoso a mi vista, pues este era único.

    Bueno; como siempre sucede, los deseos a veces; no se cumplen. Digo esto pues no encontraba nada con que escribir; mi estilográfica había desaparecido, como por artificio de taumaturgia; algo como que no quería, que escribiera algo o nada, -no se -lo presentía, pues yo tenia pocos minutos, de haber abandonado mi estilografo sobre la mesa de noche; y no fue anoche, sino hoy muy temprano. ¡A menos! y no lo creo, que habilidades de nigromancias, circunden o merodeen muy cerca y hagan desaparecer las cosas y atemorizar, -cosa esta -que no me inmuta, pues soy poco dado asustarme y sobresaltarme.

    Por todo esto; decisti, decidi descansar y aprovechar la hermosa mañana, que tenia a mi alrededor, olvidándome de mi esferografo y mis deseos y me torne, como ágrafo.
    Ancle, a los lados, la tela mecedora colgante y me instale raudo, entonces tenía el cielo de frente a mi. Las nubes eran escasas y estáticas, pues no navegaban; solo algunos alados, planeaban con el aire, en diferentes direcciones.
    Abajo, la brisa era suave y refrescante, el murmullo esos sonidos bucólicos, casi me adormecían, en veces se cerraban mis ojos inconscientes y por momentos me dormitaba. levemente.
    Abrí mis ojos y el dibujo del cielo ya no era igual, habían mas nubes y la esfera del sol me cegó de repente, por lo cual busque mis gemelos penumbrosos y contrarestar el flujo luminoso Lumen.
    ¡Sortilegio! -no se -pues mi esferografo, apareció , este junto a mis gemelos permanecia, incluso dentro del estuche óptico. Retorno, con el fin de reposar y no a observar. Cerré mis ojos y caí en sueño.

    No se, que tiempo estuve dormido, solo se que algo, como una voz muda o un toque invisible me despiertan, miro a mi derecha, medio dormido, de soslayo y estampia;
    -¡veo una serpiente! -¡una vibora! – mirandome -¡casi en frente de mi cara!, pasmado, brinco por encima de la tela, que me mece… -y grito – ¡YEHOVAH! temblando…fue lo único que hable y quedo estupefacto, mudo, paralizado; miro la víbora y esta se revuelca en la arena, -como epilectica -había perdido su control -igual que yo -; pero ella estaba como extraviada y no sabia que rumbo tomar, no se podía arrastrar iba como sin coordinación; yo de la misma manera, no sabia a donde ir,huir,correr,saltar; estaba petrificado, desorbitados los ojos; como un dipsómano.
    El crotalo venenoso; a duras penas, se movía, trataba de enderezarse, pues estaba boca arriba; muerta o muerto -¡no lo distingo!. Se endereza y se entierra entre balastos de gravas; -entonces -casi como sepultándose: ¡desaparece!.

    Yo; no sabia que era caminar, como ir y a donde, al fin camine a tientas, temblando, casi como agarrándome de la brisa y me desplomo sobre un mueble.
    Mis ojos eran como de vidrios, mi piel se torno anglosajona muy blanca, mis bellos rojos y vi pecas en mis brazos. No se, si era aun que soñaba, si era una pesadilla mi sueño, pues no podía despertar o estaba confundido.
    Luego me dije…¡estoy despierto!…
    pero en pensamiento, pues aun estaba como perdido, sin vida, no sabia que había pasado, me sentía como si hubiese sufrido una;agrafia.

    Pasaron siete días; y aun andaba tembloroso, con tanto nerviosismo: que hasta un hilo largo de mi camisa; me sobre saltaban.
    Transcurrieron siete días más; y ya estaba mas calmado, hasta me atreví visitar donde posiblemente, estaba la sepultura del aspid. Ese punto esa zona, ese promontorio de arcilla y grava, cubierto de hojas secas; cada vez que la vislumbro es para mi como su: cenotafio.

    Yo; creo que, su accidentado sacrificio me ayudo. Me habia mentído yo mismo, pues estaba muy confiado de mi ataraxia, de ser impertérrito ante situaciones como estas; creo que ella murió , por un infarto -si lo creo- a causa de mi aterrorizado y espantoso susto y su pequeño corazón no resistio; o fue tambien cuando grite fuertemente frente al veneno de muerte:
    ¡YEHOVAH! .
    ¡YHVH!……יהוה

    IIIAIIUEI

    El Cercado, 02 Julio 2016 Año bisiesto.
    Hr. 00:47 de la noche.

    El Cercado, Edo Nueva Esparta
    cadenasmanuel49@gmail.com

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