#Opinión Tiempo para la política

Edo: Las rutas de la oposición

Caricatura de Eduardo Sanabria (EDO) – 4 de abril de 2014.
«Las rutas de la oposición»

Tiempo para la política

Por Guillermo Ramos Flamerich

Muchas son las ficciones que se pueden crear ante la incapacidad de salir de una crisis de nación por los métodos del diálogo y la construcción de acuerdos. Ninguna pretensión suena disparatada a la hora de imaginar. Desde quien recrea en su mente al superhéroe que vence a los cuerpos represores, los grupos armados y lleva a prisión a los rangos más altos de las esferas de poder; hasta los que confían que un clásico Golpe Militar pondrá fin a este desequilibrio. Pero las realidades son otras y la labor más terrenal para transformar esto, radica en usar la imaginación en esa herramienta tan humana llamada política.

Bastante se ha repetido: ¿Si no podemos hacer política, qué nos queda? ¿La Guerra? Lo ocurrido en Venezuela a partir de ese febrero nuestro de todos los días (parafraseando al filósofo Castro Leiva y su octubre de 1945), ha demostrado que la gente tiene un límite. El gobierno es fiel representante de un sistema corrupto, carente de soluciones y fallo en democracia. Los tornados que pasan por nuestras ciudades y dejan en su estela barricadas, marchas, protestas diarias y una aguda represión, también han ayudado a derribar la fabulada historia de una Revolución Democrática, Socialista, de Inclusión.

Es perverso hablar de inclusión cuando reniegas de un sector del país, lo apartas y lo responsabilizas de todo el mal que aqueja al Planeta Tierra. Peor aún cuando esos reclamos son los mismos de la mayoría de la ciudadanía. El único«golpe permanente» ha sido el de la inflación, la violencia, escasez, falta de garantías ciudadanas y el robo, a gran parte de una generación de jóvenes, de un futuro satisfactorio en su país.

Entonces tenemos no solo un mal gobierno, y un sistema inviable, sino algo que busca perpetuarse en el mando como si fuera la única opción para una Venezuela que está llena de posibilidades. La respuesta para vencer estas prácticas tan malas/no-democráticas/corruptas/violentas, pasa por convertirse en alternativa.

El descontento es auténtico, está en aumento, lo que no significa que la mayoría de la gente opte por la radicalización, pero sí que tengan mayor disposición para el cambio. El gobierno se ha portado de la manera más torpe posible, casi a modo de decálogo sobre qué no hacer si quieres estabilidad. Error tras error, hasta el momento los ha salvado el mayor de los vicios que poseen: la búsqueda del poder por el poder. Pero si la alternativa se divide, se estanca, el fallo en esta unión es mucho más traumática que los errores de quien gobierna.

No es momento de egos ni de culpar al otro por lo que no hizo, se trata de sumar pensamientos, de hacer política con virtud, con gracia e ingenio. Dejar a un lado el cálculo de las siguientes elecciones o los intereses particularísimos. Al ser democráticos no somos homogéneos. Todos podemos trabajar integrados hacia un futuro compartido, cada uno desde lo que mejor sabe hacer y con reglas claras. Más allá de los odios, del revanchismo y la polémica, se trata de construir y reconstruir país. Venezuela vale la pena y debe ser para todos.

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