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Gustavo Guerrero, caballero francés de las artes

Escritor venezolano Gustavo Guerrero en París

Gustavo Guerrero y Alain Rouquié en la Casa de la América Latina de París.

Gustavo Guerrero, caballero francés de las artes

Por Guillermo Ramos Flamerich

Son las seis y veinte de la tarde en el 217 del elegante Boulevard de Saint-Germain-des-Prés. Es el miércoles 10 de abril de 2019 y en el nivel inferior de la Casa de la América Latina de París suena la canción «Volverte a ver» en la voz de Oscar de León. Esa pieza ameniza la exposición Fiesta Gráfica, la cual es un viaje por el diseño contemporáneo en Latinoamérica y Francia. Un piso más arriba, se espera que al pasar de diez minutos ocurra el solemne acto de imponer la orden de Caballero de las Artes y las Letras de Francia, al escritor, editor y profesor venezolano Gustavo Guerrero.

El evento comienza con veinte minutos de retraso en la Sala de los Embajadores. Esta condecoración, otorgada por el Ministerio de la Cultura (ese órgano creado hace sesenta años y encabezado por primera vez por el escritor André Malraux), ha tenido entre sus recipiendarios a figuras como los actores Jackie Chan y Leonardo DiCaprio, las filósofas feministas Julia Kristeva y Judith Butler, o la cantante colombiana Shakira. El encargado de colocar esta insignia será el diplomático Alain Rouquié, director de la Casa de la América Latina y reconocido politólogo con sendos libros publicados sobre las dictaduras militares y la democracia en nuestro continente.

Rouquié comentará la trayectoria académica y literaria de Guerrero, lo que no sabe es que al colocarle el medallón en el pecho, lo hará de una manera tan fuerte que el venezolano lo sentirá como la aguja indeleble de un tatuaje.

Guerrero, nacido en Caracas en 1957, tiene como primera carrera la abogacía. Luego de ello, estudiará letras hispánicas en París y dedicará su línea de investigación a la lírica poética y la crítica de escritores y estilos. El Neobarroco, Severo Sarduy o Camilo José Cela, del cual contará en su ensayo Historia de un encargo, el periplo del novelista español para escribir La Catira (1955), aquella obra con «historias de Venezuela», la cual el dictador Marcos Pérez Jiménez pensó como la sustituta perfecta de Doña Bárbara para la era del «Nuevo Ideal Nacional». Este trabajo le valdrá a Guerrero el Premio Anagrama de Ensayo en el 2008.

También ha sido profesor visitante en la Universidad de Princeton, en los Estados Unidos y actualmente imparte clases en la Universidad Paris Cergy-Pontoise. Se ha dedicado a la transmisión e internacionalización de obras latinoamericanas, desde su posición como consejero editorial de literatura hispana en el prestigioso sello francés de Gallimard. A partir de 2016 lleva el proyecto-seminario MEDETLAT, el cual pretende estudiar la traducción y mediación de obras latinoamericanas en Francia (1945-2000).

En sus palabras de agradecimiento en fluido francés, Gustavo Guerrero hablará de aquellos venezolanos que han encontrado una oportunidad en ese país. También mencionará la crisis que vive Venezuela y recordará que la nación gala no ha sido indiferente. Reconocerá a sus compañeros de la editorial y, entre ternura y complicidad, se dirigirá a su esposa Laurence al recordar el verso de T.S. Eliot: «estas son palabras privadas que te dirijo en público».

Al finalizar el evento, mientras se brindaba por el nuevo caballero francés, al fondo, en una biblioteca, se podían observar decenas de tomos de la colección de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela. El país se expresaba entonces no solo en la memoria de su pasado, también en la capacidad de su gente en el presente.

*Publicado originalmente en el suplemento cultural Verbigracia de El Universal, el 17 de mayo de 2019

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Una incursión en Canoabo

Guillermo Ramos Flamerich. Una incursión en Canoabo 1

El viaje comenzó por los Valles Altos de Carabobo, en Canoabo, un pueblito «típico». Tenía las características casitas de colores, además de la iglesia, los viejos con sombrero y unos cuantos borrachitos, alrededor de la Plaza Bolívar.

Una incursión en Canoabo

Por Guillermo Ramos Flamerich

UNO

Quizás era un buen augurio: la Virgen del Perpetuo Socorro había salido en procesión desde Valencia y estaba de paso en Canoabo. No soy la persona más religiosa de todas, pero tomaba esto como una buena señal. Mi abuela era devota a aquella virgen. El viaje por el occidente de Venezuela surgió en su funeral. Entre la tristeza y el recuerdo, el pana Daniel me dijo que valía la pena recorrer pueblos y caseríos, de pararse en cada uno y hablar con la gente. Acepté. Él solo tendría que poner a disposición su carro. Le pregunté si podríamos agregar a otro pana, a Gabriel, a quien buscaríamos en Barquisimeto. No tuvo problema.

Parecía una decisión extraña la de viajar en medio de la situación país, pero creo que ya nos hemos acostumbrado a que la tensión esté presente. Si no hacemos las cosas quizás nunca exista el momento adecuado. Para nosotros los caraqueños Venezuela se ha convertido en lo que sucede en Chacaíto o en la Autopista Francisco Fajardo. Sin embargo, existe una «Venezuela profunda». Cliché. Más que profunda, es un país que está allí, tan variado como esencial. Un país que es necesario conocerlo para sentirlo cerca, nuestro.

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No sabía que había sido fundado en 1711, un 19 de marzo, ni que las tribus indígenas que habitaron allí habían dejado petroglifos, o que tienen sus propios «Diablos Danzantes».

 

DOS

El viaje comenzó por los Valles Altos de Carabobo, en Canoabo, un pueblito «típico». Tenía las características casitas de colores, además de la iglesia, los viejos con sombrero y unos cuantos borrachitos, alrededor de la Plaza Bolívar. La gente sentada en la entrada de sus casas esperaba a que pasara la vida.

Me sorprendió. No sabía que había sido fundado en 1711, un 19 de marzo, ni que las tribus indígenas que habitaron allí habían dejado petroglifos, o que tienen sus propios «Diablos Danzantes».  Mucho menos que sus chocolates son «gourmet» y se venden caros no solo en el Trasnocho Cultural, sino también afuera del país. Lo único que sabía era que en ese «pequeño pueblo venezolano escondido en una agreste comarca» había nacido el poeta Vicente Gerbasi (1913-1992). Aquel que dejó unas líneas épicas en el imaginario nacional, con ese comienzo de «Venimos de la noche y hacia la noche vamos», ese decir, con su poema Mi Padre el Inmigrante.

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Guillermo Ramos Flamerich. Una incursión en Canoabo 3

La valenciana Virgen del Socorro, de procesión por Canoabo.

TRES

Algo que disfruto mucho es preguntarle a la gente por los personajes históricos o algún hecho curioso ocurrido en el lugar donde viven. Así comencé preguntando en la plaza si conocían la casa natal de Gerbasi. Imaginaba la placa, la conmemoración. A decir verdad, para nosotros era suficiente conseguir el sitio. Los ancianos decían que conocían de la familia, pero no lograban ubicar la propiedad. Los más jóvenes nos mandaban con dirección al colegio del mismo nombre. Al rato, y después de varias vueltas en el caso, una señora nos supo indicar: «Es esa casa de allá, toque la puerta a ver si está el señor Francisco».

Sí estaba. La esposa nos hizo esperar unos minutos en el zaguán mientras el señor Francisco Moreno se ponía su camisa. Entonces nos saludó y nos dijo: «Bienvenidos a la casa donde nació el poeta Vicente Gerbasi el 2 de junio de 1913». ¿Y usted es familia? le pregunté. «No. Pero cuando me vendieron esta casa me dijeron que aquí había nacido y me he dedicado a cuidar su memoria».

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La esposa nos hizo esperar unos minutos en el zaguán mientras el señor Francisco Moreno se ponía su camisa. Entonces nos saludó y nos dijo: «Bienvenidos a la casa donde nació el poeta Vicente Gerbasi el 2 de junio de 1913». ¿Y usted es familia? le pregunté. «No. Pero cuando me vendieron esta casa me dijeron que aquí había nacido y me he dedicado a cuidar su memoria».

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En la entrada de la casa natal de Vicente Gerbasi, con su dueño, el señor Francisco Moreno, y su nieta.

CUATRO

En la sala no había ninguna referencia al poeta más allá de la conversación que estábamos a punto de comenzar. Nos contó la biografía del poeta, los datos básicos, es decir, lo que se conoce al buscar su nombre en alguna enciclopedia, o en Internet. Era sabroso escucharlo en ese pueblo, en ese lugar, rodeado de cuadros, entre esotéricos y ambientalistas, que hacía su esposa.

Agotada la biografía nos comentó que comprar la casa en los años ochenta le había permitido hacer amistad con el poeta, aunque nunca lo conoció. El señor Francisco ha sido invitado a los homenajes que le han hecho a Gerbasi en instituciones como la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez o la Universidad de Carabobo. Allí ha podido conocer a familiares y amigos, y sentirse uno más del clan.

Su propia historia es interesante: nativo de Canoabo y después de una agitada vida en Caracas trabajando en el antiguo Ministerio de Transporte y Comunicaciones y militando en las filas del partido de Jóvito Villalba, URD, había decidido regresar y llevar una vida más tranquila, con la familia, en la austeridad de la provincia, pero también en su tranquilidad.

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El autor con la crónica publicada en la portada del suplemento cultural del diario El Universal: Verbigracia.

CINCO

Teníamos que proseguir la ruta antes de que anocheciera. La carretera angosta y desconocida no ayudaba mucho. Provocaba quedarse, pero nos esperaban más ciudades, pueblos, más estados, incluyendo a Santa Ana de Trujillo y su monumento al abrazo entre Simón Bolívar y Pablo Morillo en 1820 y cruzar el Puente sobre el Lago de Maracaibo con el Sentir Zuliano de los Cardenales del Éxito de fondo. También había que buscar a Gabriel en Barquisimeto. Mientras anochecía reflexionaba con Daniel sobre nuestro día con Gerbasi y su amigo. Nos gustó que todavía te abran la puerta de la casa para echarte un cuento largo, solo porque llegaste hasta allí para escucharlo.

También pensábamos en cómo hacer de toda esa memoria algo palpable y vivo. Lamentablemente en Venezuela el legado de los escritores pareciera que sirve para nombrar algún liceo, quizás una calle y si tiene mucha suerte, una plaza. Hay algo más en nuestra idiosincrasia, en nuestras maneras, que debe ser canalizado no con imposiciones nacionalistas y huecas, sino como una promoción al conocimiento, al arraigo. No solo es la literatura, es la música, los bailes, los dichos, Existen dos países, el que fue y el que será, y esos dos se comunican en el que es. Allí espera cumplir todas sus posibilidades tan solo si aprendemos a redescubrir esa universal angustia de ser una nación.

*Publicado originalmente en el suplemento cultural Verbigracia de El Universal, el sábado 21 de octubre de 2017

Guillermo Ramos Flamerich. Una incursión en Canoabo

 

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Rómulo Gallegos: una vida en 15 imágenes + 1

Rómulo Gallegos

Por Guillermo Ramos Flamerich

Rómulo Ángel del Monte Carmelo Gallegos Freire, escritor y político; autor de Doña Bárbara; nombre de una avenida en Caracas; de dos municipios, uno en Apure, el otro en Cojedes; una universidad; un premio internacional de novela y un Centro de Estudios Latinoamericanos. Con sus palabras retrató la geografía y gentes de Venezuela; como maestro formó a una generación de líderes. Protagonista y víctima del país que mostró en su obra, su efímera presidencia significó un ensayo democrático y un nombre de prestigio y honestidad en una Venezuela signada históricamente por la enfermedad y la imposición. Gallegos nació en Caracas el lunes 2 de agosto de 1884 a las diez de la mañana. Falleció en 1969. En conmemoración de su natalicio, estas imágenes del libro Iconografía de Rómulo Gallegos, publicado por la Biblioteca Ayacucho en 1980:

Una vida en 15 imágenes

01 Rómulo Gallegos 1905

1-En esta fotografía de 1905 Gallegos aparece como un torero improvisado en el, desaparecido ya, pueblo de El Valle, Caracas. Para estos años a pesar de haber aprobado los primeros exámenes de derecho en la universidad, decide abandonar la carrera. También conoce a su futura esposa Teotiste Arocha Egui. Al año siguiente es designado jefe de la Estación del Ferrocarril Central.

02 Rómulo Gallegos 1912

2-El profesor en 1912. En enero es nombrado director del Colegio Federal de Varones de Barcelona, estado Anzoátegui. Desde allí, enviará extensas cartas a su padre y a Teotiste. Se casa por poder el 15 de abril. Fallece su padre el 4 de junio y empieza su carrera docente en el Liceo Caracas (Actual Liceo Andrés Bello), que durará hasta 1930.

03 Rómulo Gallegos 1927

3-Rómulo Gallegos en 1927. Con paltó, corbata y sombrero pelo e’ guama, tomando agua de totuma. Pasa la Semana Santa en el llano apureño junto a su hermano Pedro y su alumno Juan Salerno. La primera intención de este viaje es documentarse para la novela que estaba escribiendo, La casa de los Cedeño. Pero de estas andanzas nace su obra cumbre: Doña Bárbara.

04 Rómulo Gallegos 1930s

4-La década de 1930 significó de profundos cambios para Gallegos. El contundente éxito de Doña Bárbara, su exilio voluntario después de ser propuesto como senador de Apure por parte de Juan Vicente Gómez. Cantaclaro, Canaima y Pobre Negro. El regreso a Venezuela al morir el dictador. La fugaz entrada al gobierno como ministro de educación de López Contreras y el Gallegos cinematográfico, fundador de Estudios Ávila. Mientras tanto, cualquier roca es buena para emular al Pensador de Rodin, como bien lo ilustra esta imagen.

05 Rómulo Gallegos piloto

Gallegos, ¿piloto? Foto de Juanito Martínez Pozueta

06 Rómulo Gallegos - Poleo

Gallegos acompañado del pintor venezolano Héctor Poleo, durante una exposición del artista en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos

07 Rómulo Gallegos - Truman

Las parejas presidenciales de Estados Unidos y Venezuela en un balcón de la Casa Blanca

5-El ensayo democrático y la efímera presidencia. Desde la candidatura simbólica de Gallegos y la fundación de Acción Democrática en 1941, hasta su elección, universal y secreta, como Presidente de la República el 14 de diciembre de 1947, el 18 de octubre de 1945 y los eventos posteriores, dieron un giro profundo a la historia venezolana. La toma de posesión con la Fiesta de la Tradición Venezolana, organizada por Juan Liscano, fue solo un bonito arranque para una trágica presidencia. En julio visita al presidente de los Estados Unidos, Harry Truman y el General Eisenhower le entrega el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Columbia. Al regresar, la situación está cada vez más tensa, la sombra militar lo arropa. A todo esto responde a Miguel Otero Silva: «Ni estoy caído, ni en plan de huída, amigo mío. Usted mismo me ha encontrado en pantuflas. Y las pantuflas no se usan para correr». El 24 de noviembre de 1948 es derrocado y trasladado en avión hasta La Habana.

08 Rómulo Gallegos en México

En México, acompañado por los poetas Andrés Eloy Blanco y Nicolás Guillén

09 Rómulo Gallegos 25 Doña Bárbara

Junto a su hija Sonia, en la celebración de los 25 años de Doña Bárbara, 1954

6-Tiempo de exilio. Cuba, Guatemala, México y los Estados Unidos lo ven pasar mientras en Venezuela Marcos Pérez Jiménez se hace del poder. Los homenajes y nuevas ediciones de su obra, continúan. Pero el 7 de septiembre de 1950, en Ciudad de México, le toca despedir a Teotiste. Cae en depresión. También está esa tristeza del errante que ha sido expulsado de su hogar. El encuentro con otros exiliados venezolanos, la pérdida de amigos como Andrés Eloy Blanco, el recordatorio de los 25 años de Doña Bárbara y la compañía de su hija Sonia, hacen de estos años un período agrio con pequeños instantes para la dulzura.

10 Rómulo Gallegos 1958

Rómulo Gallegos a su llegada a Venezuela el 2 de marzo de 1958

11 Rómulo Gallegos Honoris Causa 1958

El rector de la Universidad Central de Venezuela, Francisco de Venanzi, hace entrega a Gallegos del Doctorado Honoris Causa en 1958

12 RómuloGallegos Faulkner

Rómulo Gallegos y el escritor estadounidense William Faulkner. Caracas, 6 de abril de 1961

7-Regreso dorado, temporada de reconocimientos. Pérez Jiménez es derrocado el 23 de enero de 1958 y Gallegos regresa el 2 de marzo. El 5 de junio recibe el Premio Nacional de Literatura; el día de su cumpleaños es nombrado «Hijo Ilustre de la Ciudad de Caracas»; le son conferidas diversas condecoraciones nacionales e internacionales, así como los Doctorados Honoris Causa de la Universidad Central de Venezuela, Universidad del Zulia, Universidad de Oriente y Universidad Católica Andrés Bello. El 25 de enero de 1960 el Consejo Universitario de la Universidad de los Andes acuerda solicitar el Premio Nobel de Literatura para Gallegos y el 29 de mayo, desde La Habana, dice Hemingway: «Apoyo completamente la candidatura de Don Rómulo Gallegos para el Premio Nobel de Literatura de 1960, por respeto a su obra de escritor. No creo, en esta oportunidad, que haya otro candidato con más derecho que el maestro venezolano». Como ven, es temporada de reconocimientos.

14 Rómulo Gallegos en apure 1964

Rómulo Gallegos y un niño. Apure, 1964

13 Rómulo Gallegos 1960s

En los años finales de su vida

15 Rómulo Gallegos 1968

Gallegos ejerciendo el derecho al voto en las Elecciones Presidenciales del 1 de diciembre de 1968

8-El último Gallegos. El 21 de abril de 1964 aparece en Varsovia la edición polaca de Doña Bárbara. Poco tiempo después el Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes (INCIBA), crea el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, el cual gana Mario Vargas Llosa su primera edición (1967). En 1966 Isaac Chocrón y Caroline Lloyd presentan una ópera de la doña y en 1968 la American Foundation for the Blind, editan una versión para ciegos. Pero Gallegos está cansado, acercándose tranquilamente al término de su vida. Poco a poco se va despidiendo de su gente, de Venezuela. El 5 de abril de 1969, un Sábado de Gloria, a las 2 y 20 de la madrugada, fallece en Caracas ante la presencia de sus hijos Alexis y Sonia. Tenía 84 años.

+ 1 (La ñapa)

16 Rómulo Gallegos casa

Fachada de la casa de Rómulo Gallegos en la urbanización Altamira, Caracas. La misma fue derribada para construir el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG)

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Homenaje al Gabo (1927-2014)

La muerte de Gabriel García Márquez es un hecho noticioso mundial, pero también un dolor muy personal. Es de esos autores que se convierten en cómplices, que siempre están allí para dar un consejo, que hacen de la ficción un capítulo más de nuestras vidas. Con su lectura he aprendido el poder de la palabra, la universalidad de esos cuentos que nacen del pueblo y que son elementales y sabios. La riqueza de nuestra lengua castellana y el oficio periodístico como algo sublime y creador.

En vida fue un mito. Su muerte física ocurrió un Jueves Santo, un ingrediente más para el Realismo Mágico del cual fue su fiel representante en su parábola vital. Ante el fallecimiento de Gabriel García Márquez son pocas las palabras que puedo agregar. Su legado queda, allí radica la inmortalidad.

La siguiente galería está compuesta por diversas caricaturas que realizó Pedro León Zapata para la Revista Nacional de Cultura de Venezuela, en su edición de julio/agosto/septiembre de 1968 (Año XXIX; Número 185, INCIBA). La misma presentó a sus lectores: Novedad y anacronismo de Cien años de Soledad, por Emir Rodríguez Monegal y Conversaciones con Gabriel García Márquez, una entrevista de Armando Durán.

Gabriel García Márquez por Pedro León Zapata (Revista Nacional de Cultura, 1968): 

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El Porro-Cumbia de Daniel Camino: Macondo, interpretado por la Billo’s Caracas Boys (1970): 

La Soledad de América Latina. Discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura (Estocolmo, Suecia, 8 de diciembre de 1982): 

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