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El Niño Jesús Criollo (en la actualidad)

Un sueño de año nuevo en Petare (Emilita Rondón) – Museo de Petare Bárbaro Rivas

El Niño Jesús Criollo (en la actualidad)

Por Guillermo Ramos Flamerich

A Don Papelón

Si el Niño Jesús naciera en la Venezuela de estos días, algunas cosas diferirían de la historia tradicional. María y José en la playa, acurrucados se encontrarían, en pleno disfrute del tiempo vacacional.

Pero al llegar al terminal, buscando pasaje de retorno, un tajante «No» les negará el regreso a la capital.

Ni líneas piratas de buses, nada por el estilo, mucho menos pasajes de avión, esos sí que han aumentado. Todo está colapsado y María algo empieza a sentir, son las patadas del niño que antes de tiempo quiere salir.

De hospital en hospital deambulan, a ver quién quiere ayudar. En un rinconcito alejado, un médico recién graduado el parto quiere atender. No están todos los insumos, pero algo se tiene que hacer.

El Niño Jesús ha nacido, y la Estrella de Belén se ha convertido en un estado del Facebook que, con foto del neonato, José ya ha colocado. No falta el que comente y diga en doble sentido: «José, no parece hijo tuyo. Ese bebé está muy bello. Además he visto a María picándole el ojo a su jefe. ¡No vaya a ser que a este cazador le hayan metido gato por liebre!».

De regreso en Caracas, el niño recibe visitas. Los Reyes del Mototaxi, vienen desde Petare. Cada cual tiene un regalo, pero hay uno particular. Es así como el bebé obtiene su primer celular, para que dentro de poco sepa lo que es chatear.

Pero José está preocupado, no sabe dónde vivir con María. La casa de su madre de hermanos está repleta y cuando busca algún sitio para alquilar, el dueño siempre responde: «No, que va. Tremenda vaina me quieres echar. Con la nueva Ley de Inquilinato nunca me vas a pagar, y si se me ocurre sacarte, te conviertes en invasor. Anótate en Misión Vivienda a ver si te ganas ese Kino. Lo último que se pierde es la esperanza, así le dije a mi anterior inquilino».

El niño ya tiene un año, la Cruz del Ávila brilla. José con la carpintería, y dos oficios más; María es buhonera, de las que vende Harina Pan. Ni chinchorro ni pepitas de oro; nada de alpargatas; el liqui-liqui no está planchado; el cogollo está en el gobierno y lo único que ha cambiado es que los pañales están más caros.

FIN

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Navidad: uno y seis motivos

Nacimiento por Francisca Molina (Maracay, estado Aragua)

Navidad: uno y seis motivos

Por Guillermo Ramos Flamerich

Uno

Cuando hablamos de la Navidad siempre estamos evocando algo. Deseando. Otras veces, dejamos la reflexión a un lado y las efusivas compras marcan el ritmo de la celebración. Mientras escribo, espero insistentemente a que esté lista una hallaca hecha en casa. Este año no sólo «la mejor hallaca es la de mi mamá», también el mejor pan de jamón. Es algo que agradezco profundamente. Degustar nuestra cocina decembrina es uno de mis pasatiempos preferidos, sólo comparado con el de escuchar a toda corneta la música especial de estas fechas. Venga de cualquier región del país o cualquier lugar del mundo, todas tienen algo especial: creen en la humanidad, su porvenir y en fiestones que duren hasta mediados de año.

Sobre la Navidad se pueden escribir miles de cuartillas. Se han escrito millones. Todas coinciden. Publicar deseos de abundancia para el año entrante y párrafos acerca de la importancia de la familia, no agregaría nada nuevo. Eso sí, siempre quedan bien un final con: ¡Feliz Navidad y próspero año nuevo tal!

De niño uno pregunta demasiadas cosas. ¿Quién trae los regalos en Navidad, San Nicolás o el Niño Jesús? Mi mamá me decía que los dos. ¿Si son los dos en dónde los lleva el Niño Jesús? La respuesta concedida por mi progenitora no la recuerdo. Me llega a la mente un Niño Jesús levitando por Caracas junto con regalos flotantes que aparecen y desaparecen. San Nicolás no es de aquí. Pero puedo jurarlo que una vez lo vi. El se escondió, salió corriendo con las galletas y se tomó el vaso de leche que le dejé. Escuché sus pasos, observé la huida. Quizás el exceso de películas norteamericanas produjeron aquella alucinación, pero el vago recuerdo aún late.

La hallaca está servida, «la inmutable hallaca» como dijo alguna vez Job Pim. Dispongo a comerla. Pero antes, coloco en la computadora un repertorio de gaitas y aguinaldos. Le tocó empezar al Orfeón Universitario con Que ronque el furruco. Buen inicio. Más allá de meditar sobre diciembre y sus costumbres, espero puntualizar algunos motivos que identifican o han identificado la Navidad en Venezuela.

Seis motivos

–       El Orfeón Lamas: Agrupación pionera del movimiento coral venezolano. Establecido en 1930, con una duración aproximada de tres décadas. Vicente Emilio Sojo, su fundador, se convertirá en la gran figura de la música académica de la primera mitad de nuestro siglo XX. Durante años, las tardes en la Santa Capilla servirán para congregar músicos de la talla de: Antonio Estévez, Inocente Carreño, Victor Guillermo Ramos, Gonzalo y Evencio Castellanos, Antonio Lauro, Carmen Liendo, Teo Capriles, entre otros. Además de los coros de las hermanas Dovale y Díaz.

Más allá de la propia historia del orfeón, parte del legado que deja la institución y la figura del Maestro Sojo, fue el rescate de aguinaldos venezolanos del siglo XIX. Canciones como: Niño Lindo, Espléndida Noche, De Contento, Tun Tun y Si acaso algún vecino, fueron recuperadas del olvido. Sus compositores: Ricardo Pérez, Rafael Izaza y Rogerio Caraballo, recobraron nueva vida.

–       Gaitas del Zulia y de la nación: A finales de los años cincuenta la diatriba entre aguinaldos y gaitas se da inicio. Se teme la desaparición paulatina de villancicos y aguinaldos. El género llegado del Zulia hasta la región central se populariza. Saladillo, Cardenales del Éxito, Estrellas del Zulia, Compadres del Éxito, luego Guaco, Maracaibo 15 y Gran Coquivacoa, acompañarán las fiestas no sólo con composiciones a la zulianidad, también a la jocosidad y parranda. Tanto es el furor gaitero que artistas populares como Simón y Joselo Díaz se encargaran de grabar sus propias versiones. Sobre el origen de la gaita existen diversas teorías. Proviene de la mezcla de culturas, es popular, eso sí es de pública notoriedad.

–       Fiestas populares: Diciembre está lleno de manifestaciones mezcladas entre la tradición pagana y cristiana. Con el proceso de mestizaje, Venezuela ha creado festividades propias a la idiosincrasia de su pueblo. Entre estas, destacan: la Paradura del Niño (entre el 24 de diciembre y 2 de febrero, sobre todo en los estados Táchira, Mérida y Trujillo); los Pesebres vivientes y Pastores (24 de diciembre, estados Portuguesa y Carabobo); Santo Niño de Mocao (24 de diciembre, estado Mérida); Regreso de El Pascualito (24 de diciembre, estado Anzoátegui); Locos y Locainas (28 de diciembre, estados Mérida, Trujillo, Portuguesa, Lara y Falcón); Los Zaragozas (28 de diciembre, estado Lara); El Baile del mono (28 de diciembre, estado Monagas); Gobierno de las mujeres (28 de diciembre, estado Vargas); Quema del año viejo (31 de diciembre, estados Táchira y Mérida); así como la llegada de los Reyes Magos a comienzos de año, el 6 de enero, fiesta que inicia el cierre de las festividades, concluidas finalmente el 2 de febrero, día de la Virgen de la Candelaria.

–       La Cruz del Ávila: Llena de alegría las noches caraqueñas en Navidad. Desde que se encendió por primera vez en 1963, es símbolo de la ciudad de fin de año.Observarla ya es para mí un ritual. Sobre todo si la veo cuando cruzo el distribuidor El Pulpo. El alumbrado del Estadio Universitario, las luces de los edificios de Caracas y, en el fondo, como flotando, la cruz. Ahora de bombillos blancos, es la tranquilidad en una urbe caótica.

–       Pacheco y el San Nicolás de Cota Mil: Durante años era Pacheco el que anunciaba la llegada del frío a Caracas, también de la Navidad. El vendedor de flores procedente de Galipán, entraba a la ciudad justo cuando comenzaban las bajas temperaturas. Gracias a él se popularizó «Llegó Pacheco» como sinónimo del inicio de los días fríos. Ya el clima no es el mismo, tampoco la frase es tan utilizada como en el pasado. La llegada de la Navidad, quizás del frío, la anuncia actualmente Ramón Canela. Desde hace más de una década, todos los primero de diciembre, viste de San Nicolás y se aposta en la Cota Mil durante la mañana y desde allí intenta radiar su espíritu navideño a los conductores de la vía expresa. Con más de sesenta años en Venezuela (es de origen español) busca «regalar alegría» a los caraqueños.

–       La nieve del trópico: La Plaza Venezuela albergó, durante varios años, un arbolito de Navidad gigante. De día no era vistoso, de noche pura luz. Con la onda «nacionalista» del gobierno de turno, del arbolito sólo quedaron fotografías y recuerdos. En las instituciones del Estado se prohibió el uso de adornos foráneos a nuestras tradiciones. Despidiéndose así: muñecos de nieve, renos, San Nicolás, muérdagos y pinos artificiales. Sobre la ridiculez de nieve artificial, muñecos de nieve de plástico o chimeneas de mentira en esta tierra marcada por el sol, muchos de nuestros intelectuales han escrito. También la transculturización es una palabra presente al analizar como preferimos el arbolito navideño al pesebre ideado por San Francisco de Asís, allá por el siglo XIII.

Es importante entender nuestras tradiciones, vivirlas y quererlas, pero la base de este amor no puede ser la negación de otras costumbres que ya han hecho raíz en nosotros. Los venezolanos somos mezcla y añadidura de todo el que haya llegado a estas tierras. Existen muchas formas de vivir nuestra cultura, integrarla es enriquecerla. Eso sí, siempre salvaguardando lo que nos han legado nuestros ancestros y manteniendo el buen gusto y decoro a la hora de embellecer la fecha, sea Navidad o cualquier otra.

Pesebre – Eloisa Torres (Escuque, estado Trujillo)

Un octavo motivo, la Navidad de los Campos, por Aquiles Nazoa:

Para el pueril pesebre

de la pascua en la aldea,

un Fra Angélico niño

juega a pintar la tierra.

Y con tan dulce apego

pintó la navidad,

que la empezó por juego

y le salió verdad.

Arriba, un cielo diáfano

con nubes de inocencia

y un pueblo al horizonte

donde las torres sueñan.

De pascuales colores

construyó su pincel

una escala de flores

para el ángel Gabriel.

Y abajo, en infinita

distancia de praderas,

echadas como lagos,

las apacibles bestias.

Dos palomitas blancas

pintó en vuelo también,

y eran José y María

camino de Belén.

¡Oh campesinas pascuas

en que el mundo regresa

a los simples colores

de un dibujo de escuela!

Navidad de los siete

corderitos que van

regados por el campo

¡como migas de pan!

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