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De valientes, valentinos y valentones

«Atraco a mano armada: Dame tu corazón ya». Dibujo de Juan Luis Landaeta

       De valientes, valentinos y valentones

(Fragmento de un Día de los Enamorados en Caracas)

Por Guillermo Ramos Flamerich

Estoy en el Centro Loyola de la Universidad Católica Andrés Bello, en su planta baja. Hay mesas con pequeños árboles de caramelos que las adornan, estas son rodeadas por tienditas que llaman a comprar artefactos amorosos. Hay globos con forma de corazón, muchos globos. Se escucha una melodía, es la del bolero «Cantando quiero decirte», lo interpreta Orlando Sandoval. Es la «Tarde de Boleros» preparada por la Dirección de Cultura de la universidad para el martes 14 de febrero. Está buena la cosa, las parejas se miran, algunos solitarios cantan y el narra-cuentos, Armando Quintero, se prepara, le toca declamar una de sus historias. Tiene algo de resfriado, pero igual lo hará. La función está de antología, pero debo irme. Ella me espera.

Me zafo de viajar en Metro gracias a la cola que me da un amigo. Me deja cerca de donde ella se encuentra. Todavía no está lista, sigue en sus clases de música. Me toca esperar y disfrutar el paso de las horas. Camino, es uno de mis oficios preferidos. Llego a Chacaíto. Son tantos los globos rosados de papel aluminio, tantas las mujeres con al menos una rosa y demasiadas las que cargan al perro-peluche más famoso de estos días. No sé su nombre, pero es modelo único. Sus largos ojos y orejas son el regalo perfecto, algo así deben creer los que lo obsequian.

El tablero de ajedrez gigante de la plaza Brión sigue con sus bailadores de break dance, creo que no tienen nada preparado por San Valentín. Del Centro Comercial Expresso se escapa una canción romántica, hay una feria artesanal en honor al corazón. Al frente, un indigente pelea contra el viento, le cae a manotazos, lo insulta. ¿Qué le habrá hecho? No sé, pero en días como este, un despecho de altas magnitudes es comprensible.

Tomo metro hasta Altamira, la estación también celebra con algunas canciones del repertorio amoroso-popular. Las escaleras eléctricas están malas, para subir y bajar hay colas, pero no es la habitual. Tres travestis están sentados en ellas. Se escuchan silbidos, chistes y burlas. Esperan, hablan entre ellos y parecen no pararle a los comentarios de los demás. ¿Qué esperan un 14 de febrero: amor, comprensión, pasión?

En Plaza Altamira hay cajas azules y promotores con trajes de igual color. Cajas abiertas y gente agarrando lo que está dentro de ellas. Están regalando preservativos. No logro ver a cuál organización adjudicarle el gesto. Sólo sé que son marca Moods, fabricados en la India y que vencen dentro de un año y ocho meses. Una señora pide para su hijo y se lleva su paquete. Yo no consigo el paquete completo, sólo dos.

Ella está ahora en Chacao, voy para allá en metro, nuevamente. Sigue la estación con música para parejas. Los vagones están casi todos llenos, el que tiene un área preferencial todavía puede recibir algunos más. Frente a las sillas azules estoy parado, con muchos pensamientos difusos. Saco mi celular del bolsillo y los dos Moods se caen. Una anciana me ve como con cierta cosa, trato de no pararle. Alguien hace un chiste «sin querer queriendo», tampoco le paro. Conecto los audífonos a mi celular y pongo música. La vie en rose da un tono nostálgico al recorrido. Observo cómo pasan las luces del túnel una por una, como al abrirse la puerta la gente, en gesto torpe, trata de salir o entrar. Bajo de la estación. Camino hasta donde está ella. La veo, me encuentra, empieza un rato agradable. Recordamos la primera cita, buscamos el sentido diferente a la fecha, a ella se le sale una que otra cursilería, pero qué más da, es 14 de febrero, Día de los Enamorados.

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