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La Caracas de los 449

Plaza Juan Pedro López en la Parroquia Altagracia.

Plaza Juan Pedro López en la Parroquia Altagracia.

La Caracas de los 449

Por Guillermo Ramos Flamerich

Había llovido el día anterior. El cielo amanecía despejado, pero la ciudad estaba llena de charcos, caminos enlodados y una Feria del Libro en Los Caobos que forzaba por poner en un mismo ranking a Hugo Chávez con Simón Bolívar, Francisco de Miranda y Simón Rodríguez.

Pero el comandante sabe que ahí es solo un asomado. Su secta lo impone, a pesar de la creciente indiferencia de los que transitan buscando algún libro barato o mundano esparcimiento. Existe el karma y si en 2011 se burló de la entonces diputada María Corina Machado con su: «Usted está fuera de ranking», alguien le estará haciendo bullying allá abajo.

Pero estas líneas no se tratan de Chávez ni de que el Instituto de Altos Estudios del Pensamiento de Hugo Chávez venda sus publicaciones en 1000 Bs y ya no las regale. No. Estas líneas son sobre la Caracas del lunes 25 de julio, la de los 449 años, aunque a Nicolás Maduro no le guste celebrarlos.

Mientras un bote de aguas servidas dejaba un olor insoportable por la avenida Delgado Chalbaud de Coche, la fuente de Plaza Venezuela estaba apagada. Parece que PDVSA La Estancia, protectora del espacio, solo funciona si los precios petroleros son tan altos que hasta alguito puede sobrar para la cultura y el ornato.

Monte crecido, de nuevo poca seguridad y la fisicromía de Cruz-Diez homenaje a Andrés Bello, perdiendo poco a poco no solo su brillo, también sus partes. La ciclovía estrenada hace un año hoy amanece desolada. Nunca hay bicicletas disponibles y pedirla es un proceso más de la burocracia socialista.

Bellas Artes resiste por mantener su aura bohemia. Entre basura y vagabundos, están artesanos y libreros. Pero aquí todo se confunde. Parece que la gente está comprando menos libros, ahora ofrecen rebajas express y combos de hasta tres obras.

Un vendedor de libros y discos tenía la colección, casi completa, que editó el Círculo Musical en 1967 con motivo del Cuatricentenario de Caracas: música, narraciones, representaciones artísticas, grabadas al acetato. En lo personal, la mejor de todas es esa donde Simón Díaz hace un recorrido de la música popular caraqueña desde 1935 hasta 1967. Inolvidable.

Escudo de Santiago de León de Caracas en la Biblioteca Nacional de Venezuela.

Escudo de Santiago de León de Caracas en la Biblioteca Nacional de Venezuela.

Cuán lejos quedó esa época. 49 años, pero parecen cien, eso sí, hacia atrás. A lo lejos se veía el Teresa Carreño como símbolo de la modernidad perdida. En pocas horas ese sitio sería tomado por Casa Militar, pues Maduro iba a dar un discurso por motivo de los cuarenta años del asesinato de Jorge Rodríguez padre. Todos los actos oficiales se fueron hacia allá. Nada para la cumpleañera. Quizás porque 1567 fue antes de 1999 y así no vale.

El damero fundacional estaba en calma. La calma común del bullicio de la Plaza Bolívar con los integrantes de la esquina caliente escuchando discursos a todo volumen y los vendedores de: oro, oro, oro, euros, dólares.

El Palacio Municipal sin los estandartes tradicionales que se utilizan en esta fecha y cerrado al público, espacios que hasta hace poco atesoraban los muñequitos tradicionales hechos por Raúl Santana, así como maquetas de «la ciudad que se nos fue», como decía Alfredo Cortina.

La nueva esquina caliente diagonal a la Asamblea Nacional no se encontraba. Quizás respetando a la agasajada. Ese sitio se ha convertido en materia prima para cualquier estudio sociológico.

Desde allí insultan y gritan a cualquier persona que pase encorbatado, muestran fotos de Chávez diciéndole a la víctima que ese es su papá. Una vez un muchacho respondió: Sí, sí, mi papá. A lo que el fanático replicó: «Así me gusta, escuálido. Aunque lo digas de la boca para afuera, aprende aquí quien manda».

Pero el lunes 25 no había nada de eso. Solo una cuadrícula cada vez más sucia y menos sustentable. Esos «espacios recuperados» que tanto pregona el alcalde Jorge Rodríguez son tan remotos y extraños como el azúcar, la carne o la harina precocida de maíz.

Lo que abunda cuadras más arriba de la plaza es gente escudriñando comida en la basura. En la Plaza Juan Pedro López, quizás una de las más bellas de la ciudad, tres hombres buscaban hacer su mediodía a base de sobras sacadas de la basura.

Teatro Teresa Carreño en la Parroquia San Agustín.

Teatro Teresa Carreño en la Parroquia San Agustín.

¿Cuánta esperanza queda en la ciudad de la eterna primavera? Es difícil saberlo. Ahorita pienso en Caracas y llega a mi mente Norma Desmond, ese personaje de la película Sunset Boulevard que encarnó Gloria Swanson iniciando la década de los cincuenta. Caracas es depresiva y temperamental, siempre recordada por sus viejas glorias.

Todo es un fue y un será si por alguna gracia divina le tocara protagonizar algún momento estelar. Pero la ciudad de cristal de San Bernardino, Sabana Grande o Altamira, está cada vez más rezagada. Lo mismo la guzmancista y la del millón de almas que para 1955 imaginaban vivir en una próxima gran capital del mundo.

En sus calles solo conseguimos carteles viejos que te incitan a buscar cosas imposibles de hallar en la urbe actual. Miedo y zozobra. Caracas ha perdido ese rasgo de «muy noble y muy leal», título junto con el cual el monarca español Felipe II le entregara un escudo, el del león rampante con la venera y Cruz de Santiago.

Caracas como posibilidad de convivencia ciudadana se está apagando. De momentos lentamente, casi siempre de manera acelerada. Nos queda el abrigo de nuestros hogares, de la gente que está aquí y es nuestra, de su memoria.

También el refugio natural de ver hacia el norte y conseguir esa azulada masa vegetal que tantas cosas evoca. Pero la grandeza de las ciudades no se basa únicamente en sus estructuras y servicios, ellos son reflejo de algo mucho más importante, esencial, la capacidad que tengamos los caraqueños por darle vida a esta doña de 449 años que nunca deja de nacer.

*Publicado originalmente en El Estímulo el 27 de julio de 2016

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Elisa Lerner: de una soledad a otra

Entrevista a Elisa Lerner

Entrevista aparecida originalmente en la revista Ojo (cultura universitaria) edición número 24 – año 2013

Elisa Lerner: de una soledad a otra

Por Guillermo Ramos Flamerich

En un apartamento más bien pequeño pero acogedor de Los Palos Grandes, Elisa Lerner, junto a su empleada de años Juana, convive con sus recuerdos, pero estos son interrumpidos continuamente por el presente. En el estrecho pasillo de entrada está un cuadro de Manuel Quintana Castillo firmado por sus compañeros del grupo Sardio en la ocasión de una fiesta de cumpleaños; también una pequeña pintura de Mercedes Pardo alusiva a su signo zodiacal junto a alguna caricatura dedicada por Pedro León Zapata; muñecas de trapo mexicanas y libros de colección. Todo esto bajo la mirada tranquila de viejas fotos familiares. Pero lo que sobresale de la salita-comedor es la luz que proviene del Ávila. Al fondo se abre una vista serena, es la montaña que guía a la ciudad. Al llegar la tarde solo ese rincón cambia de color. Diferentes tonalidades de anaranjado se logran percibir hasta que cae la noche y se escucha el primer grillo.

Es domingo, el final de una tarde y de semana, Elisa ofrece torta de chocolate y té. La entrevista comienza recordando aquel libro del español Enrique Vila-Matas sobre los escritores que dejaron de escribir: Bartleby y compañía. Menciona el caso venezolano de Andrés Mariño Palacio, precoz escritor que fue dejado al olvido a causa de su enfermedad.

Repasa los años de Rómulo Gallegos y su derrocamiento, los cuales retrata «de manera sesgada» en la novela De muerte lenta, coedición de la Fundación Bigott con Equinoccio en 2006: «Habíamos caído de la manera más tonta en una dictadura». Al poco tiempo ya no quiere hablar de ello: «Cuando escribo algo es porque ya salí de esos fantasmas. Si caigo en la reiteración siento que me estoy convirtiendo en poseedora de un pasado que también le pertenece a otros».

La «aurora galleguiana» es una de las cuatro ocasiones en la vida de Elisa en que ha sentido la euforia de un posible enderazamiento nacional. La primera, en los albores de la infancia: la apertura de Eleazar López Contreras; la segunda, al final de la infancia: el 18 de octubre de 1945; y el 23 de enero de 1958, en plena juventud. Todo esto la ha vuelto algo susceptible cuando se le habla de enrumbar la nación. No confía o desconfía, solo observa como de esas esperanzas se retorna al dolor histórico. 

No tan lejos del temblor del mundo

También está la historia menuda de la «muchachita blanquita que vestía a la europea», de padres rumanos, pero muy caraqueña. La que iba en familia al teatro mucho antes de entrar a la escuela primaria. El vago recuerdo de una actuación de la argentina Paulina Singerman en el Teatro Municipal, unos cosacos que se presentaron en el Teatro Nacional, o el sabor de las tablitas de chocolate Duncan que compraban antes de la función. Es la Caracas de los años treinta y cuarenta, pequeña y humana, «no muy lejos de la belleza y del temblor del mundo», como recuerda en la crónica El sueño de un mundo, recopilada en Carriel para la fiesta (1997).

Su madre Matilde se comunicaba con su hermano en el exterior a través de cartas: «No podías marear la perdiz, o escribir para entretener el paso del tiempo». De un tío viajero, Elisa recibía cartas en inglés, gracias a esas experiencias comprende «que escribir es algo muy serio, es un camino en el que se va de una soledad a otra».

A pesar de sus estudios de derecho en la Universidad Central de Venezuela, convertirse en escritora fue un afán desde la infancia. Cuando leía las secciones literarias de los periódicos, los reportajes de Ida Gramcko, pensaba en la posibilidad de ser periodista, diplomática y escritora. Se ha cumplido, en los años ochenta fue consejero cultural de Venezuela en España. Por insistencia del escritor José Balza publica una compilación de sus ensayos y crónicas bajo el título de Yo amo a Columbo (1979) y gracias al apoyo del historiador Ramón J. Velásquez otra colección de crónicas: Carriel número cinco (1983).

El pulso de la escritora

Para Elisa la escritura ha sido una pulsión sanguínea: «No sabía cuál género escoger, no premedité nada, solo sabía que debía comunicarme». A principios de los cincuenta esas inquietudes la llevan a formar grupo con otros jóvenes con los mismos propósitos. La mayoría, son los amigos del Liceo Fermín Toro, otros van apareciendo poco a poco, en el camino: Adriano González León, Guillermo Sucre, Luis García Morales, Salvador Garmendia, son algunos de los nombres de la inquieta vanguardia: «Para nosotros era el cine, el comienzo de un nuevo y sorprendente teatro, lo barato y asequible de  las singulares ediciones argentinas que podían conseguirse en la modernísima librería Cruz del Sur». Es la gestación de Sardio, y ella la única mujer participante. Las reuniones ocurren a pesar de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Al llegar la democracia el grupo adquiere mayor libertad y puede editar hasta su propia revista.

Precisamente es en la revista Sardio, en su  edición número 7 (abril-mayo, 1960), donde publica su primera pieza, el monólogo de La bella de inteligencia, el cual surge de sus tiempos de recién graduada, cuando busca trabajo y para ello debe leer el periódico por completo, no solo la sección cultural.

La siguiente obra: En el vasto silencio de Manhattan, nace de su experiencia en Nueva York: «una señora presbiteriana que quería aprender español porque cuando la pensionaran quería ir a Bolivia a encontrarse con su hermano». La cena era el momento perfecto para escuchar sus cuentos. Pero es Vida con mamá (1975) la de mayor éxito, no solo por taquilla, también por la crítica. El filólogo Ángel Rosenblat dirá que el español utilizado en ella «es uno de los más puros y hermosos», también el escritor Mario Vargas Llosa tendrá una buena opinión sobre la pieza. Para finales de los setenta Elisa escribe para la revista El Sádico Ilustrado. Toca temas cotidianos, de la cultura popular y de la mujer. Con ingenio y burla se adueña de un género mal visto para la reputación del escritor: lo cómico. Mucho más si se trata de una mujer.

Sus crónicas poco a poco han tomado un estilo más narrativo, se han convertido en relatos como los tres de Homenaje a la estrella (2002) y De muerte lenta, su primera novela. Si los compromisos le permiten, podrá finalizar lo que está escribiendo actualmente. Sobre el movimiento literario del país, editoriales y festivales de lectura en la actualidad, cree que ayudan a escribir con más esperanza: «En un país donde hay escritores de diferentes gamas, el lector puede tener preferencias y no un único poeta o novelista. Es ese un país donde el espíritu se asoma generosamente».

Elisa Lerner y Guillermo Ramos Flamerich

Elisa Lerner y Guillermo Ramos Flamerich.
Foto: Luis González del Castillo

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Oscar Yanes: la última vaina del reportero

Oscar Yanes la última vaina del reportero

«Pero hoy se ha ido, y Hoy es Mañana, le toca bailar el merengue de los muertos y la última vaina del reportero»

Oscar Yanes: la última vaina del reportero

Por Guillermo Ramos Flamerich

«¿Y cómo es que yo estoy muerto y no es un sueño?», se pregunta Oscar Armando Yanes a la 1:33 de la tarde del lunes 21 de octubre de 2013. «Porque todos estamos aquí», contesta una voz remotamente conocida, la de Rosa Consuelo, la madre que prematuramente falleció cuando él apenas llegaba a los tres años. Es ella, la de la foto, la que siempre estuvo en sus fantasías y en un recuerdo fugaz en el que caminan agarrados de la mano, en la playa, hasta que una ola muy grande los moja.

También está su abuela Rosalía, las tías Carmen, Aida y Carlota, la prima Mercedes y el viejo Yanes, su padre, el que le dice mientras le abraza: «¡Por fin llegaste, vale! Ya era hora». Ninguno lo llama Oscar, todo es Armandito esto, Armandito lo otro. Pero Armandito tiene miedo, le teme a pensar que ha muerto: «Qué vaina…». En eso, la madre lo regaña: «¡No digas groserías!», y a modo de susurro continúa: «por primera vez te puedo regañar y me da pena, porque eres un hombre viejo ¡qué feliz soy!». Con estos personajes y diálogos Oscar Yanes recrea su muerte al inicio del primer tomo de: ¡Nadie me quita lo bailao!, las memorias de un reportero publicadas en 2007 por la editorial Planeta. El día de ese encuentro ya ocurrió.

Los años pasan sin uno darse cuenta. Es viernes  por la mañana y por alguna razón ese día no hay clases, se puede disfrutar de Así Son las Cosas por Venevisión. Son retratos de la vida íntima venezolana de comienzos del siglo XX que formaron a muchos de los niños de mi generación. El hombre con bigote, sombrero y corbatas coloridas; las frases, todas con un acento caraqueño de antaño, muy pronunciado, seguro y bonachón: Chúpate esa mandarina, cúbrase de gloria, siga vibrando… La última expresión fue la que me dijo la primera vez que lo conocí, cuando me firmó un ejemplar de Pura Pantalla (Planeta, 2000), en el que narra «las indiscreciones de la vida venezolana en circuito cerrado», los amores, desengaños, momentos cumbres e ídolos de nuestra televisión. Gracias a los regalos de mi abuela pude leer, uno a uno, los libros que había publicado en los noventa y principios de la década del 2000.

Pero este periodista nacido al sur del río Guaire, tuvo una trayectoria mucho más allá de sus cuentos pintorescos. Fue director de la Televisora Nacional en el primer gobierno de Rafael Caldera, director de la Oficina Central de Información cuando Luis Herrera y diputado del Congreso de la República, todos estos entes ahora extintos. En abril de 1965 llevó las cámaras de televisión a los tribunales donde se juzgaba al ex dictador Marcos Pérez Jiménez. También narró la transmisión de la llegada del hombre a la luna, fue corresponsal durante la guerra de Vietnam… Y maestro de las polémicas. Lo acusaron de amarillista por su trabajo reporteril de sucesos en Últimas Noticias, o las transmisiones que realizó desde La Carlota, donde se mostraban los escombros del terremoto de Caracas del 29 de julio de 1967. A esas acusaciones respondía con algún refrán de la vieja ciudad.

Pero Oscar Yanes también entrevistó con su marcado estilo personal al compositor y director Igor Stravinski, al líder egipcio Gamal Abdel Nasser, al premio Nobel de literatura John Steinbeck, al pintor Salvador Dalí, tantos personajes, que luego reuniría en su libro Cosas del Mundo, en 1972. Esto sin contar el intenso debate que transmitió Venevisión en las noches de La silla caliente, referente fundamental de la elección presidencial de 1998. Los últimos quince años de su vida sirvieron para consolidar su imagen de cronista, fabulador y en ocasiones humorista.

El 22 de abril de 2007 el Aula Magna de la UCV albergó a parte de los representantes más importantes del humorismo venezolano. Se reunieron para celebrar los ochenta años de Armandito. De contar su vida, chistes contra el gobierno, de recrear la célebre entrevista que le realizara a Reverón y de vibrar, en conjunto, con cada uno de los asistentes. Fue un acto de esos que llaman «únicos», donde la venezolanidad, esa chispa que viene con nuestra forma de ser, estuvo presente de principio a fin. Fue la segunda oportunidad en la que pude conversar con él. Vendrían nuevas ocasiones, cada una de ellas particular. Pero hoy se ha ido, y Hoy es Mañana, le toca bailar el merengue de los muertos y la última vaina del reportero.

Oscar Yanes: la última vaina del reportero, también apareción en la edición de fin de semana (26 y 27 de octubre de 2013) del diario Tal Cual

Oscar Yanes: la última vaina del reportero, también apareció en la edición de fin de semana (26 y 27 de octubre de 2013) del diario Tal Cual

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De Petare en siete templos

De Petare en Siete Templos

Fotografías de Dubraska Vargas

Texto: Cultura Sucre y algunos datos obtenidos en cada templo

Foto crónica (Viernes Santo de 2013) de la tradicional visita a los siete templos en el Municipio Sucre del Distrito Metropolitano de Caracas.

I-Templo parroquial San Antonio María Claret  – Los Dos Caminos

Erigida en 1953, su fachada es simétrica y compuesta por tres cuerpos. El primero contiene el portal de acceso; el segundo cuerpo alberga la ventana del nivel del coro; y por último el frontis seccionado en dos partes por la presencia de cornisas que entrelazan las falsas pilastras, las cuales se rematan en pináculos. El interior del templo está compuesto por tres naves, protegido por la cubierta a dos aguas con tejas criollas.

II-Templo María Auxiliadora – Boleíta

Construido en 1977, diseñado por la arquitecta Nilda Suárez de Pinedo. Su forma responde a la imagen de las churuatas tradicionales de los indígenas venezolanos. Construida en concreto armado, con cerramientos de ladrillos mampuestos, su cubierta presenta una serie de tragaluces para proporcionar iluminación central al interior del recinto.

III-Templo María Madre de la Iglesia – El Marqués

El 25 de abril de 1964, el edificio del templo estaba culminado y el pintor César Oñativia realizaba el mural que representa la venida del Espíritu Santo. Cuando la iglesia fue inaugurada no podían celebrarse oficios religiosos, debido a que no se le había concedido la categoría de parroquia. El nombre solicitado era Espíritu Santo, el cual no les fue concedido. Quedó entonces como María Madre de la Iglesia, patrona que se encuentra en la entrada del templo.

IV-Templo Nuestra Señora del Rosario – La California

La parroquia fue creada el 15 de octubre de 1957 por el arzobispo de Caracas monseñor Rafael Arias Blanco. Su primer párroco fue Francisco Javier Monterrey. Culminado en octubre de 1970, como características principales se pueden mencionar el techo de gran altura, inclinado a dos aguas que llega hasta el suelo, y su estructura metálica.

V-Templo San Antonio de Padua – Macaracuay

Este templo ha sido la última parroquia aceptada por los capuchinos en Venezuela como servicio a las urbanizaciones Macaracuay, Colinas de la California y el barrio Las Brisas de Petare. La residencia, la iglesia y el colegio San Antonio fueron inaugurados en 1970 por el Cardenal José Humberto Quintero.

VI-Templo Nuestra Señora del Carmen – Barrio Unión

Templo de arquitectura neogótica inaugurado en 1955 por los Padres Carmelitas. Compuesto por tres naves en su espacio interior, su fachada principal presenta una serie de arcos ojivales en dos niveles. Sobre la puerta se encuentra un gran rosetón que le proporciona iluminación natural al templo, especialmente al área del coro.

VII-Templo Dulce Nombre de Jesús de Petare – Casco histórico de Petare

Data de 1621. Posee un campanario de cuatro cuerpos realizado en el siglo XIX; siete retablos del siglo XVIII, posiblemente originales de los artistas Domingo Gutiérrez y Alonso de Ponte; una gran cantidad de imágenes coloniales; y dos cuadros del pintor Tito Salas. Fue restaurado por la Alcaldía de Sucre y la Gobernación del estado Miranda entre 2012 y 2013. En 1960 fue declarado Monumento Histórico Nacional.

Dubraska Vargas (1992), caraqueña. Ha cursado talleres de fotografía en la Organización Nelson Garrido (ONG). Su trabajo está caracterizado por los retratos a elementos urbanos. Dirige Fotoilusiones.

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El Niño Jesús Criollo (en la actualidad)

Un sueño de año nuevo en Petare (Emilita Rondón) – Museo de Petare Bárbaro Rivas

El Niño Jesús Criollo (en la actualidad)

Por Guillermo Ramos Flamerich

A Don Papelón

Si el Niño Jesús naciera en la Venezuela de estos días, algunas cosas diferirían de la historia tradicional. María y José en la playa, acurrucados se encontrarían, en pleno disfrute del tiempo vacacional.

Pero al llegar al terminal, buscando pasaje de retorno, un tajante «No» les negará el regreso a la capital.

Ni líneas piratas de buses, nada por el estilo, mucho menos pasajes de avión, esos sí que han aumentado. Todo está colapsado y María algo empieza a sentir, son las patadas del niño que antes de tiempo quiere salir.

De hospital en hospital deambulan, a ver quién quiere ayudar. En un rinconcito alejado, un médico recién graduado el parto quiere atender. No están todos los insumos, pero algo se tiene que hacer.

El Niño Jesús ha nacido, y la Estrella de Belén se ha convertido en un estado del Facebook que, con foto del neonato, José ya ha colocado. No falta el que comente y diga en doble sentido: «José, no parece hijo tuyo. Ese bebé está muy bello. Además he visto a María picándole el ojo a su jefe. ¡No vaya a ser que a este cazador le hayan metido gato por liebre!».

De regreso en Caracas, el niño recibe visitas. Los Reyes del Mototaxi, vienen desde Petare. Cada cual tiene un regalo, pero hay uno particular. Es así como el bebé obtiene su primer celular, para que dentro de poco sepa lo que es chatear.

Pero José está preocupado, no sabe dónde vivir con María. La casa de su madre de hermanos está repleta y cuando busca algún sitio para alquilar, el dueño siempre responde: «No, que va. Tremenda vaina me quieres echar. Con la nueva Ley de Inquilinato nunca me vas a pagar, y si se me ocurre sacarte, te conviertes en invasor. Anótate en Misión Vivienda a ver si te ganas ese Kino. Lo último que se pierde es la esperanza, así le dije a mi anterior inquilino».

El niño ya tiene un año, la Cruz del Ávila brilla. José con la carpintería, y dos oficios más; María es buhonera, de las que vende Harina Pan. Ni chinchorro ni pepitas de oro; nada de alpargatas; el liqui-liqui no está planchado; el cogollo está en el gobierno y lo único que ha cambiado es que los pañales están más caros.

FIN

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De valientes, valentinos y valentones

«Atraco a mano armada: Dame tu corazón ya». Dibujo de Juan Luis Landaeta

       De valientes, valentinos y valentones

(Fragmento de un Día de los Enamorados en Caracas)

Por Guillermo Ramos Flamerich

Estoy en el Centro Loyola de la Universidad Católica Andrés Bello, en su planta baja. Hay mesas con pequeños árboles de caramelos que las adornan, estas son rodeadas por tienditas que llaman a comprar artefactos amorosos. Hay globos con forma de corazón, muchos globos. Se escucha una melodía, es la del bolero «Cantando quiero decirte», lo interpreta Orlando Sandoval. Es la «Tarde de Boleros» preparada por la Dirección de Cultura de la universidad para el martes 14 de febrero. Está buena la cosa, las parejas se miran, algunos solitarios cantan y el narra-cuentos, Armando Quintero, se prepara, le toca declamar una de sus historias. Tiene algo de resfriado, pero igual lo hará. La función está de antología, pero debo irme. Ella me espera.

Me zafo de viajar en Metro gracias a la cola que me da un amigo. Me deja cerca de donde ella se encuentra. Todavía no está lista, sigue en sus clases de música. Me toca esperar y disfrutar el paso de las horas. Camino, es uno de mis oficios preferidos. Llego a Chacaíto. Son tantos los globos rosados de papel aluminio, tantas las mujeres con al menos una rosa y demasiadas las que cargan al perro-peluche más famoso de estos días. No sé su nombre, pero es modelo único. Sus largos ojos y orejas son el regalo perfecto, algo así deben creer los que lo obsequian.

El tablero de ajedrez gigante de la plaza Brión sigue con sus bailadores de break dance, creo que no tienen nada preparado por San Valentín. Del Centro Comercial Expresso se escapa una canción romántica, hay una feria artesanal en honor al corazón. Al frente, un indigente pelea contra el viento, le cae a manotazos, lo insulta. ¿Qué le habrá hecho? No sé, pero en días como este, un despecho de altas magnitudes es comprensible.

Tomo metro hasta Altamira, la estación también celebra con algunas canciones del repertorio amoroso-popular. Las escaleras eléctricas están malas, para subir y bajar hay colas, pero no es la habitual. Tres travestis están sentados en ellas. Se escuchan silbidos, chistes y burlas. Esperan, hablan entre ellos y parecen no pararle a los comentarios de los demás. ¿Qué esperan un 14 de febrero: amor, comprensión, pasión?

En Plaza Altamira hay cajas azules y promotores con trajes de igual color. Cajas abiertas y gente agarrando lo que está dentro de ellas. Están regalando preservativos. No logro ver a cuál organización adjudicarle el gesto. Sólo sé que son marca Moods, fabricados en la India y que vencen dentro de un año y ocho meses. Una señora pide para su hijo y se lleva su paquete. Yo no consigo el paquete completo, sólo dos.

Ella está ahora en Chacao, voy para allá en metro, nuevamente. Sigue la estación con música para parejas. Los vagones están casi todos llenos, el que tiene un área preferencial todavía puede recibir algunos más. Frente a las sillas azules estoy parado, con muchos pensamientos difusos. Saco mi celular del bolsillo y los dos Moods se caen. Una anciana me ve como con cierta cosa, trato de no pararle. Alguien hace un chiste «sin querer queriendo», tampoco le paro. Conecto los audífonos a mi celular y pongo música. La vie en rose da un tono nostálgico al recorrido. Observo cómo pasan las luces del túnel una por una, como al abrirse la puerta la gente, en gesto torpe, trata de salir o entrar. Bajo de la estación. Camino hasta donde está ella. La veo, me encuentra, empieza un rato agradable. Recordamos la primera cita, buscamos el sentido diferente a la fecha, a ella se le sale una que otra cursilería, pero qué más da, es 14 de febrero, Día de los Enamorados.

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Mototaxi: una realidad caraqueña

Mototaxi: una realidad caraqueña

«Mi hermano es un renegado/ porque es motorizado, oh oh», dice el coro de una canción popularizada por María Rivas a principios de los años noventa. Mucho ha transcurrido desde entonces. La moto es un objeto omnipresente del tráfico de las principales ciudades del país. Vías internas, vías rápidas, avenidas, se han visto invadidas por esta forma de transporte en dos ruedas. Hasta aceras y caminos peatonales, han tomado nuevos dueños. El motorizado sigue siendo renegado,  pero es parte de un gremio más amplio, que cuando se unen, producen una estridente voz.

En las vallas de nuestras ciudades aparecen letreros como: «¡Qué bueno es llegar temprano!» y los concesionarios exclusivamente para motocicletas abundan. La facilidad para conseguirlas es a ratos absurda, así como absurdo es la poca disponibilidad de repuestos. Odiados por muchos, alabados por otros, las motos y los motorizados son una realidad. Ante la anarquía de nuestras calles y la falta de soluciones efectivas al problema del tráfico, del motorizado se ha derivado una ingeniosa forma de transporte público: «El Mototaxi».

En Lo afirmativo venezolano presentamos: Mototaxi: una realidad caraqueña. Breve documental del realizador Luis Miguel «Mikel» Ferreira, en el cual se indaga sobre el motorizado, el tráfico y la ciudad.

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