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Pastor Torrealba y el legado Betancourt

«Muchos me dicen: ¡Cónchale Torrealba tu no cambias nunca! Yo les respondo: Entonces que vamos a hacer. Si nos ponemos a tomar en cuenta todo lo que está pasando estuviéramos como un chicharrón», Pastor Torrealba

Pastor Torrealba y el legado Betancourt

Por Guillermo Ramos Flamerich

Pastor Torrealba Betancourt espera con cautela a que prenda el grabador. Es la primera vez que lo buscan para que relate parte de su vida. Tiene 72 años. De piel rojiza, muy similar a un camarón, cabello canoso, al extremo de parecer a ratos totalmente blanco, ojos azules y barba de esas que llaman «candado». El apellido de su madre no lo relaciona por consanguinidad con el ex presidente Betancourt, mas parte de su vida ha estado vinculada con este personaje de la historia venezolana. Seis años como su escolta; diez con igual función para con la viuda Renée Hartmann y, desde 1994, como recadero de la Fundación Rómulo Betancourt. Al comenzar la conversación a manera jocosa me dice que trabaja en el «departamento IBM». ¿IBM? Pregunto de manera dubitativa. «Sí, “y veme”. Y veme a buscar esto y veme a buscar lo otro». Una breve carcajada sale de su boca. Sus ojos se tornan a la izquierda. Está recordando.

–¿Cómo se inicia en la escolta civil de Rómulo Betancourt?

–Empecé a trabajar en la casa de Don Rómulo, el 1 de febrero de 1975, cuando ingresé a la Disip (policía política del Estado), entonces me mandaron a Pacairigua (residencia del ex presidente). Fui recomendado por Pedro Barrios Astudillo y el que era gobernador, para ese entonces, de Caracas: Manuel Mantilla. De ahí trabajé hasta el 81 con el presidente, hasta su muerte, después quedé con la viuda. Al principio uno le cogía “mucha cosa”, pero después fui agarrando confianza y yo era el que le limpiaba las pipas, le pasaba las películas en la noche, las que le prestaban los canales de televisión: canal 8 y Venevisión. Películas históricas y también modernas. No veía nada trágico.

–¿Anécdotas con el ex presidente?

–Cuando él salía a La Guaira, ya que siempre iba a Naiguatá a casa de los Salvatierra, yo le preparaba su desayuno. Le hacía las arepas y su pescado frito. El sancocho de pescado se lo mandaban de un restaurante cercano. Era una persona de carácter fuerte, pero era muy sensible con los demás. Él nos ayudó mucho. Cuando la mayoría (de sus escoltas) no teníamos vivienda habló con el presidente del INAVI (Instituto Nacional de la Vivienda) y por medio de él conseguimos apartamento en Propatria. Era muy sencillo, tenía su carácter para los que le tenían idea. Yo lo saludaba, él me saludaba. Le llevaba su café cuando estaba escribiendo, arriba en la oficina, de madrugada.

–La campaña presidencial de 1978 fue el último evento político donde Rómulo estuvo totalmente activo, apoyando al candidato de Acción Democrática: Luis Piñerúa Ordaz.

–¿Qué recuerda de ese período?

–El presidente visitó: Maracaibo, Barquisimeto, Valencia, Maturín y Caracas, donde se cerró la campaña. Cuando perdió Piñerúa la gente gritaba métanse ese pito por yo no sé dónde. Yo lo acompañaba en la caravana. Estaba el carro de él, uno de avance, la patrulla y cinco escoltas, además de la gente que le ponía cada estado. Andaba en carro para allá y para acá, él no se montaba en avión. El presidente Rómulo estaba muy alegre, que se perdieran las elecciones me dio mucha tristeza. Cuando presentaron el veredicto todo lo que había para celebrar se quedó en la nevera.

El trabajo después de la muerte de Rómulo en 1981…

Después trabajé con la viuda Renée Hartmann hasta que ella murió en el 91. En el 94 salí jubilado por la DISIP, entonces la señora Virginia (hija del ex presidente Betancourt) me llamó y me dijo si me quería quedar en la fundación. Gracias a Dios le caí bien a ella. He sido responsable. Nunca he sido amonestado. Yo me la paso de chiste en chiste porque como está la cosa uno no debe enfocarse solamente en lo que está pasando. Muchos me dicen: ¡Cónchale Torrealba tu no cambias nunca! Yo les respondo: Entonces qué vamos a hacer. Si nos ponemos a tomar en cuenta todo lo que está pasando estuviéramos como un chicharrón. Es mejor llevar la vida tranquila con la familia al giorno, como dicen.

La familia Torrealba

Cuénteme de la vida familiar de Pastor Torrealba

– Me casé en Maracaibo en el 68, me vine con mi esposa a Caracas ese mismo año, tuvimos dos hijos y ahí vamos guapeando todo el tiempo. Tengo 27 años al revés: 72. La gente me pregunta que cuantos años tengo, yo respondo: Soy jovencito, de Menudo para acá. Yo nací el 6 de agosto del 39, pero en la cédula estoy el 4 de diciembre. Mi mamá fue quien nos dijo las fechas de nacimiento: tú naciste en agosto, tu hermana en julio y así… nosotros llevamos esa cuenta. A mí me iban a poner Justo, Justo Pastor, porque nací el día del Sagrado Corazón de Jesús. El nombre se buscaba por el almanaque Rojas Hermanos. El que me fue a aceptar me puso sólo Pastor, porque no soy justo.

–¿Y la de los primeros años?

–Nosotros vivíamos en un campo, una aldea que estaba en el límite entre Rubio, Santa Ana y San Cristóbal: aldea Azua. De allí en el año 51 nos mudamos hacia San Cristóbal. Era una familia muy pobre, vivíamos en el campo en casa de mi abuela, la mamá de mi mamá. Éramos ocho hermanas y dos varones. Uno se murió cuando no tenía ni diez años. Tengo un hermano por parte de mi mamá, y una hembra y un varón por parte de mi papá. Cuando ellos se unieron se formó mi familia, eran trece. Tres perdidos. En aquella época no había televisión. La gente aprovechaba.

Las risas están presentes en cada diálogo. La entrevista ha servido de pausa a la rutina de Pastor, quien desde las ocho de la mañana se encuentra en casa de la señora Virginia Betancourt atendiendo los compromisos del día a día. Pronto partirá a la fundación. Al finalizar la conversación me hace una única petición: «Espero que le mandes esta grabación a Obama a ver si me da un trabajo».

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