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Perfiles: Eurípides y Rincón González

Rafael Rincón González (1922-2012) y Eurípides Romero (1923-2012), dos juglares de la zulianidad

Eurípides y Rincón González

Por Guillermo Ramos Flamerich

No se consigue un gaitero, en el sector de Veritas,

que haga gaitas tan bonitas como Eurípides Romero.

Ricardo Cepeda en Alegres Gaiteros (Ofrenda al folklore zuliano, 1979)

El pésame que me estáis dando te lo agradezco de corazón,

dáselo también a la nación y a la Chinita que está llorando

y a esa dama íngrima sollozando: la guitarra de Rincón.

Víctor Hugo Márquez en homenaje a Rafael Rincón González (2012)

Existen los que hacen de la cotidianidad un arte. Quienes suman todos los sentidos de una tierra en específico y, partiendo de ella, plasman un legado tan local que es universal. Esto ocurrió con Rafael Rincón González, «pintor musical del Zulia» y con el «gaitero mayor», Eurípides Romero. Ambos fallecidos en los inicios de 2012 (Rincón el 15 de enero; Romero el 2 de marzo). Ya ancianos y con carreras prolíficas, dejaron una vasta obra y vidas que sobrepasaron las ocho décadas, algo no muy común en la ajetreada y guapachosa duración de los cantores del Zulia.

«No quisiera perturbar la dulce paz de tu nido, con la luna yo he venido a ofrendarte mi corazón», esa frase de la danza Soberana evoca imágenes que nunca he vivido, pero que recuerdo. No conozco la ciudad de Maracaibo, pero por alguna razón la logro imaginar tutelada por la noche, con el clima tropical haciendo de las suyas y una colorida casa de El Saladillo con sus ventanas abiertas, por donde pasan las melodías de la guitarra y voz de Rincón González, haciendo que la dueña de sus cantares despierte y ame.

En el repertorio de este bardo aparece retratado todo Zulia, desde las escenas costumbristas de los Pregones zulianos o Maracaibo florido; la humorística Chinquita; las bonitas: Linda Guajirita, Maracaibera, Besos inocentes; y esa gaita, clásica ya, que nos cuenta el lago de Maracaibo y sus «aguas de seda». Como coletilla debo escribir que fueron más de seiscientas composiciones, interpretadas hasta por la Filarmónica de Londres. Rafael Rincón González conjugó la tradición de una región con la amable estampa de un viejito serenatero que seguía activo en la música, adaptando su obra a quienes buscaron reinterpretarlo.

Y entonces terminó enero, pasó febrero, comenzó marzo y falleció, de 89 años, Eurípides Romero. Sastre, conductor-cantor de carritos por puesto, ejecutante del acordeón, amigo de Ricardo Aguirre y compositor de canciones que todos los años siguen sonando como si fueran novedad: El Negrito fullero (una especie de semblanza autobiográfica), esa que dice «Maracaibo se emociona con su Fiesta decembrina, se escucha en cada esquina sus parranderos cantando…», La vivarachera, La sandunguera, además de composiciones en otros géneros aparte de la gaita. Con nombre de poeta trágico y apellido criollo, nos dijo de manera alegre y pegajosa que: «La gaita vieja es famosa por música y poesía, por eso es que todavía el Zulia la canta y goza…». Don Eurípides convirtió la anécdota en verso y el verso en canciones que nos seguirán divirtiendo a pesar de su partida terrenal.

Estos dos «valores zulianos», son del Zulia y de la nación. Son parte del ser venezolano, de esa parte buena de nosotros que –muchas veces– no queremos recordar. Sus sentimientos sencillos y populares se convirtieron en ofrendas a una tierra y su gente. Queda en todos nosotros hacerles el justo reconocimiento, no solo con los típicos homenajes que se conciben para ilustres fallecidos, sino queriendo lo que somos, indagando sobre ello. Entendiendo que «ser universal» nace de la sencillez de los recuerdos que forman nuestra vida y gentilicio.

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