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Generación Lidera

Discurso de graduación segunda cohorte Lidera

Por Guillermo Ramos Flamerich

Doctor Francisco Sanánez, presidente del IESA; doctora Maritza Izaguirre decano de la facultad de ciencias económicas y sociales de la Universidad Católica Andrés Bello; señor Carlos Graffe, presidente de la fundación Futuro Presente; miembros de la fundación Futuro Presente y comité académico de Lidera; amigos y amigas, líderes todos.

La cuestión no es pararse y hablar, sino qué decir en representación de un grupo tan diverso, de tan alta calidad, lleno de tanto ánimo por hacer las cosas correctas. No es sólo pararse, hablar y representar, es decirlo bien, con la dicción y postura adecuadas y así poder manifestar que las clases con el profesor Briceño sirvieron para algo.

Hace más de dos años, a nuestros antecesores de la primera cohorte, la frase: «construye tu futuro, lidera el presente», les daba la bienvenida; a nosotros, apenas ayer, lo que significa hace más de un año: «Futuro Presente apuesta por ti y tu hoy apuestas por Venezuela». El viernes pasado a la tercera cohorte, una consigna que abraza un compromiso: «La meta es Venezuela». Parece que cada día estamos más cerca de ese mañana esperado, el cuál será lo soñado o lo que siempre hemos evitado, eso sí, dependiendo de nuestras acciones no como líderes o dirigentes de algún sector, simplemente como ciudadanos, como venezolanos, que es la designación más preciosa que se puede hacer de alguien nacido en esta tierra.

Pareciera que somos la generación de la crisis. Nací hace 20 años con una Venezuela deteriorada en su aparataje institucional, económico, político y moral. La mayoría de nosotros, a pesar de los años o meses de diferencia, nos hemos desarrollado en una sociedad que en vez de arroparnos y tratarnos suavemente, el devenir histórico la hace más ruda, más inclemente con sus hijos. Encontramos el país estable solamente en la memoria de nuestros abuelos, quizás de nuestros padres. Ese donde se podía patinar en madrugadas y las puertas de las casas permanecer abiertas. Somos la generación que vive en la angustiosa tarea de hacer un balance entre las aspiraciones personales y lo que el país puede ofrecer. A cada rato estamos despidiendo a un amigo que se va, fuera del país o fuera de este mundo, porque esta generación también es aquella que se ha sumergido en unos niveles de violencia que irritan cualquier forma de futuro.

Y así como el viejo dicho: «Agua que corriendo vas/ bañando el campo florido/ dame razón de mi bien/ mira que se me ha perdido», muchos indagamos en la Venezuela profunda para conseguir razones, buscamos entender lo que significa construir legado. Como por arte de magia, o quizás cosas del llamado «destino», conseguimos que los que apostamos por el país no somos voces solitarias o apagadas, sino que retumbamos con nuestras acciones en todos los ámbitos de la cotidianidad. Es que Venezuela es una pasión la cual debemos construir desde el ingenio, desde la ética, desde el compartir.

Como dijera el escritor y poeta Antonio Arráiz, cuando en su juventud vivía la angustia de un país que no conocía otra cosa entre desorden y dictadura:

«Quiero estarme en ti, junto a ti, sobre ti, Venezuela/ pese aun a ti misma/ Quiero quedarme aquí, firme y siempre/ sin un paso adelante, sin un paso hacia atrás/ He de amarte tan fuerte que no pueda ya más/ y el amor que te tenga, Venezuela/ me disuelva en ti/ Quiero ser de ti misma, de tu propia sustancia/ como roca/ o quizás echar hondas, infinitas raíces/ enterrarme los pies como árbol/ y plantarme en ti, de tal modo/ que no me conmuevan».

Ir más allá del optimismo y del pesimismo, como el título de un ensayo escrito por el profesor Asdrúbal Baptista para una publicación de esta casa de estudios. Se trata de hacer algo desde lo más próximo y desde los cimientos. Aunque esto que acabo de decir tenga similitud con la historia del hombre que sembraba palmeras para que dieran sombra quizás a sus nietos, en gran medida es lo que hace un programa como Lidera. Donde se apuesta al capital humano con la única recompensa de anteponer cualquier meta personal a una construcción colectiva, la que edifica una nación.

En un año ocurren infinidad de cosas. No somos los mismos de aquella primera clase, la de valores democráticos. La del primero de muchos sábados, donde cada uno de nosotros se presentaba ante un grupo numeroso pero atento. Conocer que hace el otro, entenderlo, conseguir gente próxima a tus ideas y otras con visiones totalmente diferentes, lo que crea la tolerancia, el respeto. Entender que la palabra correcta para construir país, es la integración.

Indagar en la dignidad de los venezolanos que viven tras las rejas, así como los sueños y esperanzas de los recién liberados en una sociedad tan adversa a ellos, que muchas veces los denigra, pero allí están con la frente en alto. Hablo de Liberados en marcha.

Estudiantes de medicina que entregan su tiempo y dedicación a visitar los lugares más recónditos del país, a esas comunidades ignoradas, a nuestros indígenas, y así darles un trato y atención médica a estos ciudadanos. La fundación Todos por la vida.

Conocer una experiencia exitosa en Latinoamérica y traerla a nuestras tierras. Visitar comunidades tan cercanas pero al mismo tiempo tan olvidadas, ejemplo de eso es el trabajo que desde Turgua, ha empezado Un techo para mi país.

Aquellos que soñaron en apagar las luces de la ciudad para así encender en 60 minutos nuestras conciencias, La Hora del planeta.

Los que participan en la vida partidista y tienen el reto de acabar con ese estigma que aún existe en nuestra sociedad, donde el partido político es sólo una cuna de vicios. Demostrar que son capaces no solamente de ganar elecciones, también de trabajar por el país con un plan de gobierno coherente, no únicamente la mera ambición de poder.

Los amigos del Partido por la Libertad de Venezuela, como predicadores buscan diseminar ideas políticas y económicas que no han sido lo común en nuestra historia contemporánea.

Los que ven el trabajo social, la atención a los menos favorecidos, la ayuda efectiva para la organización comunitaria, también tienen el desafío de integrarse con los otros aspectos de la vida nacional, y así incorporar a las comunidades en el debate por los grandes temas.

Los que buscan el emprendimiento empresarial como forma de vida. Deben entender que más allá del éxito de la compañía, está el arriesgar por Venezuela, entender a su gente y entender al ser humano como parte fundamental del proceso productivo. Su calidad de vida, sus condiciones laborales, la producción eco sustentable.

En lo personal, cuanto he aprendido sobre las regiones en este año de Lidera. Los dignos representantes de Guayana, del centro, de los Andes, de los llanos, del oriente del país. Del cercano estado Vargas, tan omitido de perspectivas de desarrollo, pero nunca resignado.

Los que aún estamos en la universidad, bien sea participando desde los centros de estudiantes, movimiento universitario, grupos de debate o modelos de Naciones Unidas, tenemos el compromiso con el país de ser irreverentes ante el poder, de ser vanguardia. De no pensar que el Movimiento Estudiantil son pequeñas parcelas para la popularidad. Recuperemos el sentido de ser faro de una ciudadanía que ve en sus estudiantes todavía una referencia.

Aquí nos encontramos como grupo, como amigos. Cuando se habla del futuro presente, aunque parezca paradójico, es una realidad que se evidencia en nuestros rostros, en nuestra forma de expresarnos. Y eso que sale de lo más profundo de nuestras miradas, de construir una Venezuela que está todavía encubada en los sueños de la mayoría de los ciudadanos. Aquí estamos, como compañeros, como hermanos, concluyendo una etapa, graduándonos de esta segunda cohorte de formación para el liderazgo. Ese mismo afecto debe existir para los primeros egresados y los futuros. Y así proclamar con las voces más coloridas e impactantes, que formamos parte de la Generación Lidera, aquella que hará de Venezuela el país completo para desarrollar la felicidad.

Generación Lidera

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