En la palabra de Pancho

Francisco Massiani por el pintor José Cruz

Entrevista a Francisco Massiani

Por Guillermo Ramos Flamerich

A José Castro

Autografía sus libros como Pancho y firma sus cuadros como Francisco. Vive en la urbanización La Florida en una casa de color blanco denominada Los Milagros. A causa de su invalidez está enclavado en el rincón derecho de la sala principal de su hogar. Junto a él, reposan artefactos de diaria utilidad. El lugar está regado de libros y cuadros; un librero que no soportó la batalla ante las termitas y ha caído; un radio en alto volumen y un teléfono que al sonar trajo consigo la noticia de que Pancho recibiría una carta, proveniente de Miami, de su amiga Aurimar. Considera que le han hecho miles de entrevistas y aunque no son de su agrado, siempre responde.

¿Cuáles son sus pasiones?

—Yo no puedo vivir sin música y sin una mujer. Y por supuesto sin vino, cerveza, ron o whisky. La presencia femenina es indispensable para poder vivir. No basta con escribir. No se puede vivir sin amor. Hay que apostar siempre a la felicidad. Vivir permanentemente enamorado de Dios, del amor, las estrellas y por supuesto del vino, del ron, del alcohol.

¿Todo lo hace por el amor?

—Yo creo que a la larga sí. La mayoría de mis trabajos, incluso la novela Piedra de mar y cuentos como Un regalo para Julia, todo eso es por ternura, por amor. En el caso del muchacho de Un regalo para Julia, pobrecito, queda sólo y con el pollito muerto. Pero en Piedra de mar Corcho se queda con Kika, el pobre pasa trabajo hereje por toda la novela pero tiene un final feliz.

¿Cómo se inició en el mundo de la escritura?

—Yo vivía en Chile, en Santiago. Nosotros nos fuimos cuando tenía siete años a Chile porque mi padre tuvo problemas. Mi padre era profesor en el pedagógico, abogado y escritor también. Uno de sus libros, en su época, fue texto obligatorio: Geografía espiritual. Pero le hicieron la vida imposible cuando Pérez Jiménez, por eso nos fuimos a Chile. Comencé a escribir como a los once años. Yo tenía una novia que vivía en Carlos Justiniano, la misma calle que yo en Santiago, que se llamaba Loreto Vargas. Era una linda muchacha, preciosa. Ella me regaló un diario y yo uno a ella. Empecé a escribir en el diario, en Santiago se acostumbraba eso. Cuando regresé a Venezuela, ya tenía catorce años, yo vivía en el edificio Albarrega en la avenida Las Acacias de la Florida, en la planta baja. Estaba profundamente enamorado de una muchacha nadadora, Betty Sherman. Yo pintaba en esa época y escribía cuentos fantásticos. Uno de ellos es sobre un personaje que va a un barco y todos los tripulantes repentinamente desaparecen pero cuando llega a tocar a una mujer desnuda, recobra él la vida y todos los tripulantes también, o el poema Puerto publicado en un periódico mural, me ayudó Quintín Centeno a hacer el mural. Se acostumbraba entonces hacer periódicos murales. Ese fue mi primer poema que se conoció.

¿Cuáles son sus influencias?

—Comencé leyendo una novela que me pareció maravillosa. Un libro de Julio Verne llamado El secreto de Wilhelm Storitz. Otro titulado Realidad y ensueño de Jacobsen. Leí una novela extraordinaria como a los catorce, quince años que me la llevé en un barco de carga para Nueva York: Fiesta de Ernesto Hemingway. También leí a Knut Hamsum, Cesare Pavese, Scott Fitzgerald, D. H. Lawrence,  O. Henry, Walt Whitman, Pablo Neruda, el peruano César Vallejo…

Escritores venezolanos

—Me fascinó el cuento de Guillermo Meneses, que fue llevado al cine y ganó un premio en Cannes, La balandra Isabel llegó esta tarde. También me encantó Casas Muertas de Miguel Otero Silva y por supuesto Cantaclaro de Rómulo Gallegos. La poesía de Andrés Eloy (Blanco) que sigue siendo, a mi juicio, magnífica. No por los angelitos negros que a mí no me gustan, sino por otros poemas admirables.

¿Por qué su obra tiene cada vez mayor vigencia?

—De Piedra de mar, por ejemplo, sospecho que esa novela es magnífica. Esa es toda la explicación. Yo me había olvidado de ella y la leí otra vez y me encantó. Me pareció admirablemente buena. La escribí a los veintidós años. Tardé un año. Pero antes de Piedra de mar, estando en España con mis padres, escribí en una semana Renate o la vida siempre como en un comienzo y otra novela corta llamada Fiesta de campo. Yo sigo escribiendo poesía. Ahorita estoy trabajando en un relato largo que se llama Mango. Es entre erótico y humorístico.

¿Qué es la vida para Francisco Massiani?

—Hay necios que consideran que la vida es muy simple. La vida es la cosa más misteriosa que hay. El hecho de que haya árboles, cielo con estrellas, sol, luna. Que exista el amor, la mujer. La cual es la criatura más hermosa que haya podido inventar Papa Dios. Que exista Dios, porque yo creo en Dios. La vida es una maravilla maravillosa. Hay que apostar a la felicidad y soñar. Porque si uno deja de soñar entonces deja de vivir y el amor se hace, entonces, imposible para construir.

Allí está Pancho en su rincón. Sus cuentos y novelas se han convertido en clásicos de nuestra literatura. Su poesía un canto a sus pasiones. A pesar de los años y las desventuras que pueda traer la vida, Francisco Massiani es un eterno adolescente. La mejor descripción sobre Pancho es la que da Ana Rosa, la señora que lo cuida a diario, cuando afirma que aun así, Francisco Massiani sigue siendo «una roca sumamente firme».

Guillermo Ramos Flamerich y Francisco Massiani

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1 comentario

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Una respuesta a “En la palabra de Pancho

  1. Excelentes notas! Agradecido por haber publicado mi trabajo, Saludos!

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