Archivo de la etiqueta: Venezuela

Mensaje ante el Fraude Constituyente del 30 de Julio de 2017

Mensaje Guillermo Ramos Flamerich a Venezuela

Pase lo que pase, es momento de Resistir.

Claudicar es perdernos.

Como nación, hemos podido salir con la frente en alto de situaciones peores y de catástrofes tan terribles y absurdas como esta que hoy enfrentamos.

Debemos creer en el legado de nuestros abuelos, de nuestros antepasados que hoy son energía fecunda e infinita que nos acompaña.

Debemos creer en la suerte de esta tierra que ha logrado tantas veces salir de la oscuridad para convertirse en luz y faro de todo un continente. No solo por las luchas que alguna vez dimos por nuestra independencia, también por esa República Civil que logramos construir en una épica más reciente y que hoy es la base de nuestra rebeldía: la Conciencia Democrática.

Pero lo más importante, debemos creer en nosotros mismos. Dejar de lado cualquier determinismo, cualquier frustración, cualquier profecía autocumplida.

Honremos a los caídos con una oración de lucha cívica, legando un país libre en el suelo donde fueron esparcidas sus cenizas.

Nos toca demostrar que somos dueños de nuestro destino y que el futuro siempre estará en nuestras manos.

Vendrán tiempos mejores para Venezuela.

Los de ahora, son de lucha y esperanza convertidos en gesta ciudadana.

Guillermo Ramos Flamerich

@ramosflamerich

30/07/2017

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo pensar a Venezuela

Viajeros del siglo XIX en Venezuela

Velorio de Cruz de Mayo - Göering

Velorio de Cruz de Mayo. Anton Göering. Tomado del Atlas de Tradiciones de Venezuela. Fundación Bigott, 1998. Aparecido originalmente en Von tropischen Tieflande zum ewigen Schnee. Eine malerische Schilderung des schönsten Tropenlandes Venezuela. Leipzig, 1892.

La extraordinaria cotidianidad

Por Guillermo Ramos Flamerich

Comenzaré estas palabras con una evocación muy personal. De niño siempre revisaba el Atlas de Tradiciones de Venezuela (1998) de la Fundación Bigott. Allí conocí de cultores populares, arquitectura local y las fiestas y manifestaciones que acompañan y adornan cada región del país. Cuando llegaba a la sección sobre «La Música Tradicional Venezolana», más allá del texto, quedaba fascinado por un grabado de 1892 sobre los Velorios de Cruz de Mayo.

En el mismo, aparecen tres individuos quienes a punta de furro, maracas y algún cuatro o guitarrilla, ponen a bailar a dos parejas, vestidas a la usanza de los trapos campesinos de la época, vestimentas consideradas actualmente como parte del patrimonio nacional. Otras cuatro personas acompañan la escena, dos a lo lejos, otras dos más cercanas. También son dos las chozas. En la más próxima a nosotros, podemos ver la silueta de un altar, con sus velas y ofrendas a una Cruz de Mayo la cual no es evidente, pero está omnipresente en todo el cuadro. La vegetación es exuberante y distingue un paisaje idílico para cualquier amante de la tierra tropical. Durante mucho tiempo esta sería mi más importante referencia gráfica sobre los Velorios de Cruz en el país y sigue siendo la más antigua que conozco. Solo la sustituiría, o mejor dicho, complementaría, asistir y vivir en pleno este ritual.

Después descubrí que el grabado había sido hecho por un viajero alemán de mediados del siglo XIX llamado Anton Göering (1836-1905), de quien el poeta y geógrafo Pascual Venegas Filardo se preguntaría si era más artista que naturalista, y el cual entregó en sus paisajes «no solo la naturaleza, sino la poesía paisajística de nuestro país»[1].

Es interesante como este registro gráfico se termina convirtiendo en documento y cómo a un venezolano del presente su imaginario sobre sus tradiciones puede ser construido a través de lo que vio un europeo. Una retroalimentación que nos hace reflexionar sobre lo propio, lo cercano y lo ajeno. Lo dice el historiador José Ángel Rodríguez al referirse a los testimonios de extranjeros: «Son ellos una parte vital de nuestro pasado, en particular del siglo XIX, cuyas fuentes históricas están dispersas y existen vacíos de información considerables, sea por la acción del fuego de montoneras y revoluciones sobre el papel en su momento, cuando no por pérdidas posteriores, resultado de otras intervenciones sobre nuestra memoria escrita»[2].

Centrándonos justamente en los mediados del siglo XIX, periodo de contratiempos propios del nacimiento y formación de las repúblicas independientes latinoamericanas, encontramos ciertas características generales que definieron la mirada europea, la cual plasmaron en sus cartas, dibujos y diarios, muchos de ellos publicados en la época, en sus países de origen y en ciudades que constituían el epicentro de la cultura occidental. A diferencia de sus abuelos conquistadores del siglo XVI, estos no llegaban a lo que se pudiera considerar un universo desconocido, propio para que cualquier leyenda o herencia mitológica de la tradición grecolatina[3] y más allá, pudieran hallarse en estos parajes.

El contexto político, histórico y económico era otro. Europa vivía su segunda Revolución Industrial. Las ideas del positivismo y la expansión del imperialismo, creaban en la mentalidad de la época una fascinación por el progreso de la técnica, por describir y medir toda experiencia y por abrir nuevas rutas a los mercados mundiales. Además, si bien las poblaciones latinoamericanas eran subsidiarias de la herencia occidental, estas eran tratadas como periféricas, sirviendo como campo idóneo para sustentar los prejuicios del momento: «También las generalizaciones supuestamente basadas en la observación directa de la sociedad, a menudo producen un diagnóstico distorsionado. Una lectura atenta descubre que no hay tal inmediatez de la observación, sino juicios previamente filtrados por los valores del acervo europeo» [4], como nos explican Elías Pino Iturrieta y Pedro Calzadilla al tocar este tema sobre la mirada del otro.

Existe entonces una barrera mental. Una torre desde la cual el viajero juzga y compara. No se integra al medio, pero le puede ser propio y lo reconoce en todo aquello que pueda servirle a su concepción de mundo: «la mirada del viajero está codificada en términos de la contraposición “civilización” y “barbarie”, expresada mediante la oposición “yo”/“otro” y “blanco”/”negro”, la imagen también esta codificada en términos del comercio. Lo que el viajero “mira” se convierte en un objeto con un valor para el mercado, y con miras a una explotación capitalista» [5].

Muchos pasaban tan solo una temporada en estas tierras, otros se quedaban por largos años. También existen las diferencias entre los que se interrelacionaban con los habitantes del lugar y los que no perdían su aura de advenedizos. En el mismo trabajo de José Ángel Rodríguez, anteriormente citado, se explica la diferencia entre las experiencias de franceses, ingleses y alemanes. Estos últimos, buscaban aprender el idioma, ser parte activa de la vida social del pueblo o ciudad en la que se encontraban, también sirvieron a la formación del conocimiento científico nacional. Muchos de ellos inspirados por el barón Alexander von Humboldt (1767-1835) (quien a comienzos del siglo había recorrido un buen trecho de la geografía local), buscaban emular sus hazañas, pero las circunstancias terminaban haciendo del viaje una vivencia bastante diferente.

Existen otros casos, como el de la viajera francesa Jenny de Tallenay (c. 1855 – ¿?), quien estuvo en Caracas de 1878 a 1881, debatiéndose en sus Recuerdos de Venezuela (1884) entre su cariño por la tierra, la crítica social y cometiendo graves gazapos en su recuento de la historia local y de los personajes y lugares. Algo muy generalizado entre los viajeros, lo cual se anota ante la mirada actual como datos curiosos, no como imprecisiones fatídicas que puedan deslegitimar al documento.

Lo cierto es que cuando los viajeros regresaban a sus lugares de origen, existía un público ansioso por conocer y vivir estos recorridos. La vida cosmopolita del viejo mundo tenía un mercado propicio no solo para las novelas y ficciones de un Julio Verne y un Emilio Salgari, también para la divulgación científica y para la imaginación de lo real. Allí entran los grabados, litografías y luego las primeras fotos, las cuales hicieron vivir a muchos los pasos de los ríos, de la selva, el contacto con civilizaciones que pudieran considerar en su óptica como «semibárbaras», vinieran estas de la América Latina, de África o Asia.

A nosotros, estos testimonios nos servirán mucho tiempo después, luego de ser traducidos y estudiados, como puntos de encuentro con nuestro pasado nacional. Logrando, en muchos casos, tapar esos baches en los que se extravían la cotidianidad de una sociedad y haciendo evidente lo que de tanto parecernos lo obvio y lo común, lo dejamos pasar sin registrarlo. Resultando, en la mirada del viajero, situaciones fabulosas, aventuras inacabadas y relatos extraordinarios dignos de ser contados y mostrados en todo el orbe.

Referencias

[1] Pascual Venegas Filardo, Viajeros a Venezuela en los Siglos XIX y XX. Caracas, Monte Ávila Editores Latinoamericana, 1983,  p. 85.

[2] José Ángel Rodríguez, «Viajeros alemanes a Venezuela en el siglo XIX». Se puede revisar este trabajo en el siguiente enlace: http://190.169.94.12/ojs/index.php/rev_ak/article/download/884/813

[3] Sobre este tema y relacionado con Venezuela en específico, se recomienda leer Novus Iason. La tradición grecolatina y la relación del tercer viaje de Cristóbal Colón, del profesor Mariano Nava Contreras. Fondo Editorial Apula, Mérida, 2006.

[4] Elías Pino Iturrieta y Pedro Calzadilla, La mirada del otro. Caracas, Artesano Editores / Fundación Bigott, 2012,  p. 26.

[5] Santiago Muñoz Arbeláez, «Las imágenes de viajeros en el siglo XIX. El caso de los grabados de Charles Saffray sobre Colombia». Historia y Grafía, número 34, 2010, p. 186.

Deja un comentario

Archivado bajo Libros de Venezuela, pensar a Venezuela, tradición venezolana

Trazar la ruta final

Cambio - Roberto Weil

Estos trazos de Roberto Weil expresan el anhelo de toda Venezuela.

Trazar la ruta final

Por Guillermo Ramos Flamerich

La muerte de Neomar Lander el pasado miércoles nos lleva a tantas preguntas como sentimientos de dolor e impotencia. ¿Cuántas más? Han sido muchas. Demasiadas. Y no solo me refiero a las que han ocurrido en 2017 o las de 2014. Nuestras ciudades están repletas de calles y esquinas que recuerdan a algún fallecido a manos de la violencia propiciada desde el Estado. Solo que por un tiempo fueron invisibles. Siempre resulta más fácil creer salvarse el pellejo con la indiferencia. Pasar agachado para que nada ocurra. Pero esta cosa horrible que vivimos siempre ha sido el accionar de la Revolución de las Miserias. Solo que desde hace un tiempo es mucho más que evidente. Construyeron una red de hamponaje, de cómplices y, creían ellos, que de esclavos. Pero más poderosa ha sido la conciencia democrática y el sentido de supervivencia de quienes se saben ciudadanos y no están dispuestos a claudicar ante nada ni nadie.

El gobierno ha perdido la noción de todo. Para ellos no hay país, solo son un parásito represor que se chupa todos los recursos que puede brindar esta tierra y que sonríe macabramente ante la miseria de los demás. No les importa nada, salvo el hecho de que cuando esto abandone el poder, lo que les espera es tan tenebroso que prefieren arriesgarlo todo. Es como un secuestrador que empieza a picar a su víctima por pedacitos, enseñando que no le teme a matar o a morir.

Mientras tanto, los venezolanos nos debatimos en una extraña cotidianidad, bipolar, agresiva e incierta. Siempre me pregunto, ¿cómo se vivía lo cotidiano durante los grandes conflictos de la humanidad? Siempre existirán momentos para reír, para compartir con la familia y los amigos, pero ese nudo en la garganta llamado situación país, no puede abandonar nuestras mentes y nuestros corazones. Además, el que hoy sea indiferente, solo puede haber perdido todo juicio y humanidad.

Es momento de definiciones. Porque el sistema perverso que tenemos ya está completamente definido. Tiene una bala para cada uno. Lo queramos o no, aquí nadie se salva si esto sigue. Ni tú, ni yo. Este momento lo es todo. Y si alguien viene con la cantaleta de que eso se dice todos los años, solo que vea a su alrededor. El siguiente paso unitario debe ser trazar las líneas de una ruta final. El final de esta tiranía, claro está. Y el comienzo de la Venezuela que está en nosotros. Suena difícil decir eso, accionar eso, pero las cosas se deben decir. El verbo construye realidades y el verbo, el pensamiento y la acción deben ser la tríada de toda lucha que se busque exitosa.

Ellos ya desafiaron con la fecha del 30 de julio. Son unas elecciones ilegales y chucutas que nadie se las cree. Pero allí están. El fantasma de la Constituyente nos acecha. Debemos impedir que esto ocurra y que ese logro sea otro hito de lo que se está por conquistar. La lucha cívica en las calles sí ha ido fracturando al régimen, pero siempre hay que seguir innovando. Si nos quedamos en el aparato, serán más los Neomar y más alejados los días de las definiciones.

Los actuales esfuerzos de resistencia contra la dictadura son innumerables. Desde activistas culturales, deportistas, apoyos internacionales, los constantes marchantes de cada convocatoria… Todo ello se debe articular con un sentido de urgencia y con unos valores claros que se deben repetir hasta el cansancio. ¿Por qué la Democracia? ¿Por qué la Libertad? ¿Por qué la solidaridad entre venezolanos? ¿Por qué la equidad? ¿Cómo se debe dar la reconciliación? No deben ser simples adornos conceptuales, sino las premisas de la hoja de ruta. En eso la dirigencia política tiene un gran compromiso, no solo ser reactivos, sino también ser reflexivos y pedagógicos. Pensar para actuar y aprender de ello.

Si la resistencia pacífica es para quebrar los pilares del régimen, también se deben seguir fomentando los puentes para que la estructura media de lo que hoy conforma la administración pública, pueda cruzar sin miedo desde el punto del oscuro presente a un futuro que se está por construir. Lleno de inquietudes pero siempre mejor que esto que tenemos. La lucha democrática es de todos, no de individualidades. Eso lo ha ido asimilando la sociedad y en esto todos estamos incluidos. Todos.

El pueblo de Venezuela, en ejercicio de sus poderes creadores e invocando la protección de Dios, el ejemplo histórico de nuestro Libertador Simón Bolívar y el heroísmo y sacrificio de nuestros antepasados aborígenes y de los precursores y forjadores de una patria libre y soberana; con el fin supremo de refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado, que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley para esta y las futuras generaciones.

Ese es el preámbulo de la Constitución de Venezuela. El gobierno hace rato que rompió y se burló de ese pacto. Cuando alguien pretende enterrar nuestros fundamentos como nación, la respuesta siempre será la rebeldía y el desconocimiento.

*Publicado originalmente por Polítika UCAB el 16 de junio de 2017

 

Les comparto este video que hice para Instagram. Hay que seguir y resistir:

Deja un comentario

Archivado bajo Opinión, pensar a Venezuela

Perfiles: Gilber Caro

img_4944

El diputado Gilber Caro y Guillermo Ramos Flamerich (Salón Francisco de Miranda, Palacio Federal Legislativo, 7 de enero de 2016).

Gilber Caro

Por Guillermo Ramos Flamerich

Dice Simón Díaz en su Caballo Viejo que «después de esta vida, no hay otra oportunidad». Pero mientras estemos vivos siempre existirán nuevas oportunidades, mejores maneras de hacer las cosas y de renovar la fe como individuos, también como nación. La historia de Gilber Caro está fundamentada en una segunda oportunidad. Llevo más de seis años conociéndolo y en ese tiempo hemos podido compartir conversaciones y momentos estelares, de esos que quedan siempre en la memoria y te llevan a reflexionar.

Él estuvo diez años preso, eso nunca lo ha ocultado, más bien ha sido su carta de presentación y de superación. Cuando le preguntaba sobre cómo lo agarraron, respondía: «Terminé pagando por ser como Shakira: ciego, sordo y mudo. Por no delatar, terminé pagando condena». Después se explayaba al detalle y te llevaba casi a vivir una película de aventuras por los sitios en los que estuvo recluido: Yare, El Rodeo, el extinto Retén de Catia, en fin, más allá de la anécdota, su vida no se trata del pasado, sino de cómo ese pasado moldeó su presente y lo llevó a convertirse en un líder comunitario.

Ser un expresidiario en todas partes del mundo es un estigma. En Venezuela, aun más. Se les excluye por haber delinquido, pero buena parte del origen de esos delitos se encuentran en la exclusión de la que han sido objeto. ¿Y es que acaso marginando a alguien, despreciándolo, estamos mejorando nuestra sociedad? Mucho de lo que hoy vivimos recae en la doble moral de convertirnos en jueces implacables, perfectos e impolutos. Mientras, el país se cae a pedazos por no asumir culpas ni brindar una oportunidad al otro, por no brindar opciones y solo mirar de reojo a quienes no lucen ni piensan como nosotros. A pesar de todo eso, Gilber pudo reinsertarse a través de su fundación Liberados en Marcha, lo que luego lo llevó a la acción política en las Redes Penitenciarias y en Voluntad Popular.

A no tantos metros de la cárcel de El Rodeo está el barrio El Milagro, en Guatire. Allí viven muchos familiares de presos y justamente en ese lugar Gilber comenzó su trabajo social, brindando apoyo a las familias, creando equipo, proyectando un centro de acción comunitaria, con herramientas capaces de nutrir a ese nuevo liberado que no sabe qué hacer con su vida. Está también su iniciativa de Santa va a las cárceles, juguetes en épocas decembrinas a todos esos hijos de presos que requieren una sonrisa, un abrazo, ante una vida muchas veces más fuerte que cualquier pesadilla.

Y así siguió evolucionando, como conferencista, como dirigente político. Aprendiendo de leyes para presentar mejoras claras al sistema penitenciario. Y así llegó a ser diputado suplente del estado Miranda, justamente por el Circuito 4, allá donde está El Milagro. Recuerdo su mirada brillante, su atuendo semiformal, asistiendo al Palacio Federal Legislativo los primeros días de enero de 2016. Era el mismo Gilber del que por primera vez escuché en un evento llamado Zoom Democrático; el mismo con el que vi clases en el IESA, en el programa Lidera de la Fundación Futuro Presente. El mismo que sentía orgullo de las vueltas que había dado su vida.

Mientras escribo estas líneas –el miércoles 11 de enero– Gilber yace detenido arbitrariamente por el SEBIN (policía política venezolana). El Vicepresidente lo acusa de terrorismo y conspiración. Saca a colación todo su pasado como justificativo de su detención. ¡Qué burla tan grande! ¿Este es el gobierno que dice tener una profunda conciencia social y que construye un país más justo y de oportunidades? Esta Revolución de las Miserias solo es la peor cara de nosotros, mientras que Gilber es el rostro de las posibilidades, de las mejores posibilidades que tenemos como país.

Lo detienen por ser parte de Voluntad Popular, por su lucha en defensa de la democracia y la liberación de todos los presos políticos. Lo detienen por considerarlo débil. Y eso es lo que pasa cuando una justicia no es justa, siempre destroza al más débil en beneficio de los poderosos, de los saqueadores de esta hermosa pero apuñalada Venezuela.

¿Qué podemos hacer? Esa es una decisión muy personal. Pero esto no es una película de la que nos estremecemos, pero somos solo simples espectadores. Tenemos que ser los protagonistas del cambio, de la organización ciudadana, democrática. Con fuerza, con tanta indignación como ánimo, no dejemos que todas las oportunidades sean perdidas ni que este sacrificio que estamos viviendo como sociedad sea en vano. Hoy nos toca decir unidos #LiberenAGilber.

*Publicado originalmente por Polítika UCAB el 13 de enero de 2017

Deja un comentario

Archivado bajo Opinión, pensar a Venezuela, perfiles

La Revolución Xenófoba

«Por más que estas acciones sean pasajeras, las imágenes de los hombres, mujeres y niños cruzando el río Táchira, con sus pertenencias a cuestas, se suman al vergonzoso imaginario de la Revolución Bolivariana. Época violenta, de derroches y corrupción; años de intolerancia y mezquindad» (Foto de Carlos Julio Martínez / Revista Semana)

La Revolución Xenófoba

Por Guillermo Ramos Flamerich

… estoy aquí, amigos, sencillamente por mi antiguo

y empecinado afecto hacia esta tierra en que una vez fui joven,

indocumentado y feliz, como un acto de cariño

y solidaridad con mis amigos de Venezuela, amigos generosos, cojonudos

y mamadores de gallo hasta la muerte. Por ellos he venido, es decir, por ustedes.

Discurso de Gabriel García Márquez

 al aceptar el Premio Rómulo Gallegos en 1972

En el episodio Indiferendo fronterizo (1998) de la serie animada colombiana El siguiente programa, Chichombia y Chamozuela entran en guerra por un pedazo de yuca que tomó un chichombiano. El capítulo se desarrolla entre críticas y chistes crueles. Aparece la comandante «Irene Chávez» y los chamozolanos logran invadir Cúcuta. Al final gana Chichombia, después de lanzar a un indigestado soldado Pito López como arma química contra el invasor. Y es que las relaciones colombo-venezolanas siempre han dado que hablar. Desde las reclamaciones y asuntos territoriales (el Golfo, los llanos), el incidente de la Corbeta Caldas en 1987, el narcotráfico, la presencia guerrillera y el accidentado movimiento de tropas que ordenó Hugo Chávez en 2008. Son dos países hermanos, con tantas semejanzas y diferencias como posibilidades existen.

Pero el ataque que desde el gobierno venezolano se está haciendo a los colombianos fronterizos del Táchira, es un hecho aparte. Una acción de Estado que busca estigmatizar a un grupo de personas por su nacionalidad. El «Socialismo Humanista del Siglo XXI» ha mostrado su rostro más enfermo, su raíz facha. Porque por más de tres lustros los que hoy retienen el poder en Venezuela, en su discurso se han querido presentar como reivindicadores de la dignidad humana, pero son intransigentes, queriéndose imponer como los únicos dueños de la verdad. Todo lo que no apoye al sistema, es nocivo.

Esa actuación maniquea es la que los lleva, ante una crisis de país y unas elecciones que tienen perdidas, a ejecutar maniobras sensacionalistas, donde se revuelven los peores sentimientos de cualquier sociedad: la xenofobia, racismo, clasismo e intolerancia. Estrategia despreciable de momentos que se creían ya superados. Pero pareciera no ser así.

El Estado Islámico, los grupos políticos europeos anti-inmigración, los disparates de Donald Trump en una campaña de polémicas en seguidilla… Las acusaciones de Nicolás Maduro contra los colombianos fronterizos, colocándolos a todos como paramilitares, delincuentes, contrabandistas. Mientras en seis municipios de Táchira rige el Estado de Excepción, un problema más para un pueblo que ha sido humillado por este gobierno. Mentalidades retrogradas que atacan al más débil, que no han entendido que somos ciudadanos del mundo y no debemos ser juzgados por nuestro origen, apariencia y creencias. Lo que nos diferencia es nuestra libertad para tomar decisiones y cómo eso influye individual y colectivamente. Estos personajes que se creen con toda la potestad para establecer el bien y el mal, son tristes perdedores de la esencia humana.

Por más que estas acciones sean pasajeras, las imágenes de los hombres, mujeres y niños cruzando el río Táchira, con sus pertenencias a cuestas, se suman al vergonzoso imaginario de la Revolución Bolivariana. Época violenta, de derroches y corrupción; años de intolerancia y mezquindad. Etapa de duro aprendizaje para los venezolanos, los que siempre nos habíamos creído  generosos y solidarios. Momento para examinarnos y asumir las responsabilidades y compromisos que se tengan que asumir.

*Publicado originalmente en Polítika UCAB el 29 de agosto de 2015

Deja un comentario

Archivado bajo Opinión, pensar a Venezuela