Archivo de la etiqueta: política

Edgar Sanabria entrevistado por Ramón Hernández

Edgar Sanabria en la inauguración Caracciolo Parra León de El Valle.

Sanabria ofreciendo unas palabras durante la inauguración de la escuela pública Caracciolo Parra León. El Valle, Caracas, 28 de junio de 1972.

Edgar Sanabria (1911-1989): jurista, profesor universitario, académico de la lengua, de las ciencias políticas y de la historia. Presidente de la Junta de Gobierno (en sustitución de Wolfgang Larrazábal) que rigió los destinos del país luego de la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

En los escasos tres meses que estuvo al frente del Ejecutivo Nacional, promulgó la creación del Parque Nacional El Ávila; del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas y la Ley de Universidades, en la que los principios de la autonomía y la inviolabilidad del recinto marcarán un vigoroso debate en los tiempos democráticos que iniciaban.

Hoy en día un personaje olvidado, se le recuerda como alguien excéntrico, retraído, de gran erudición. Existen pocos recuentos de su vida y obra: el homenaje que le hiciera René de Sola bajo el título de Edgar Sanabria, un gran venezolano (1991) y el volumen 102 (2009) de la Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional, escrito por Adolfo Borges.

Esta entrevista hecha por el periodista Ramón Hernández (sin fecha, c. 1982), fue publicada en el libro El país como oficio (Universidad de Los Andes, 1983).

Edgar Sanabria

Sobre la tarima apenas queda un papel arrugado. El orador abandonó el sitio cuando el discurso dejó de tener sentido y la concurrencia se retiraba a sus menesteres. Un técnico, meticuloso y orgulloso de su saber, guarda los artefactos para la próxima ocasión, que espera sea nunca. El local es un vaho de ruidos en escapada: un olor desvanecido, una alegría apagada, una sordera en el alma. Afuera está la consecuencia, la luz que pobló este hueco, el tedio que reumatiza, un espíritu que deambula. El orador, desprovisto de su frac, sin su protocolar indumentaria, vuelve a sus golpes de pecho y sus rezos mañaneros. Nunc dimitis servum tuum. Domine nihil obstat.

–Soy un muerto que respira.

La democracia dando su primer berrido, planchando sus garantías ciudadanas, poniendo a tono su fachada, remozando su aquiescencia, aceitando las válvulas de la libertad, gerundium est. Diez años en un oscuro calabozo pestilente, con soles de hojalata por carceleros, entumecieron sus articulaciones y partes importantes de su andar se niegan a obedecer y hasta se rebelan, pero después. El derecho a vivir no es una improvisación graciosa.

–Estoy hastiado de la política.

Coleccionista de armas sin saberlas disparar, flaco, caraqueño con chispa y fama de tacaño, con un montón de anécdotas tras de sí, creyente y practicante con una larga soltería en su haber. Edgar Sanabria asume la Primera Magistratura en rato de transición. Arruma condecoraciones y respira aliviado cuando entrega a su legítimo sucesor la Banda Presidencial.

–El que mucho escribe, mucho disparate comete.

Edgar Sanabria Arcia nació el tres de octubre de 1911 y se sabe de memoria toda la genealogía de los Gómez cuyo miembro más sobresaliente hizo del país su hacienda. Caminó muchos años desde la avenida Paraíso 42 hasta la vieja Universidad de Caracas a dictar su cátedra de Derecho Civil y a echar sus parrafadas en la Plaza Bolívar. Es Individuo de Número de las Academias de la Lengua y de Ciencias Políticas y Sociales, pero de política no le gusta hablar frente a periodistas. Diplomático y lector consumado, gusta de la puntualidad y recordar la Caracas que no era esta barahúnda.

En ese rato de espera que precedió a la toma de posesión de Rómulo Betancourt en marzo de 1959, firmó el decreto de Autonomía Universitaria y el decreto 6.733, que dejaba sin efecto el «Fifty-fifty» y sacaba del país al presidente de la Creole.

A los 64 años recibió la flecha que le signó Cupido y todavía se abotona hasta el cuello la camisa, aunque no lleva corbata.

Habla rapidito y contesta sin muchos ornamentos conceptuales.

–El sistema democrático es siempre el menos malo.

–¿Qué país tenemos después de veinticinco años de ejercicio democrático?

–No me pregunte de política. Yo estuve accidentalmente en ella y ya estoy apartado de esas lavativas.

–¿Ha mejorado el sistema educativo?

–Ganó en extensión pero perdió en intensidad en algunos aspectos.

–¿En cuáles?

–No sé. Yo estoy jubilado desde 1959 y apartado de esas obligaciones.

–¿Qué hace?

–Leer.

–¿Qué lee?

–Muchas cosas. Leo mucho porque duermo poco, no soy hombre joven. Para no estar dando cabezazos en la cama, me siento y me pongo a leer, algunas veces hasta las tres de la mañana. A las cinco ya estoy despierto leyendo el periódico.

–¿Siempre lee el periódico de madrugada?

–No, a veces lo traen tarde.

La vida puede ser un aburrimiento, una larga espera, una cuerda que se acaba cuando se empieza a comprender su utilidad.

El expresidente escogió la modestia y la sencillez, descalabró oropeles y se rehúsa a andar con escolta, la urbanidad no admite que se rechace un honor.

–¿Cómo era Venezuela en 1958?

–Cambiemos de tema.

–¿Hemos progresado culturalmente?

–Sí. Ahora hay mucha inquietud intelectual, antes también la hubo, pero ha aumentado y la gente joven es bastante preocupada por el quehacer artístico.

–¿Cómo se manifiesta?

–Tenemos muchos jóvenes poetas, pintores, escultores. Hacen teatro, cine…

–¿Y la calidad?

–No tengo autoridad para juzgar. Soy un profano en esas lides.

–¿Hemos avanzado científicamente?

–Tenemos muy buenos profesionales en todas las ramas de la ciencia. Ahora tenemos profesionales que no existían en mi época, como economistas, gente que se ocupa de la Administración Pública. Tenemos el IVIC y el CONICIT y otras instituciones que promueven la investigación y que hace treinta años no se conocían.

–¿Y jurídicamente también hemos mejorado?

–Le voy a hablar con franqueza: Se han hecho muchas leyes y muchas reformas pero lo jurídico no se compone con leyes.

–¿Entonces cómo?

–Con autoridad moral, con procedimientos morales. La leyes no se cumplen porque se obligue sino porque un precepto moral lo exige, así es más meritorio que con la represión.

–¿Cómo se inculcan los preceptos morales a la población?

–Con la educación. En la escuela, en el bachillerato, en la universidad y en todos los demás medios sociales.

–Pero usted dice que la educación ha perdido en intensidad.

–Pero ha ganado en extensión. Cuando yo estudiaba, Caracas tenía un solo liceo, el liceo Caracas, que luego fue transformado en el Andrés Bello. Hoy la cantidad de liceos es enorme. Aquí el que no estudio es porque no quiere, hay muchas facilidades.

Fue Consultor Jurídico de la Cancillería y del Ministerio de Fomento. Vocal del Consejo de Facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela, también profesor de Derecho Romano.

–En estos 25 años se han promulgado muchas leyes pero es en este momento cuando se reforma el Código Civil.

–Está equivocado. En Venezuela se han hecho varios códigos civiles muy buenos. Cuando el doctor Arcaya era ministro del Interior en 1919 designó una comisión para reformar el Código Civil, el resultado fue un Código más adelantado que en muchos países de América. En 1922 se volvió a reformar y nuevamente en 1942. Se incorporaron grandes adelantos jurídicos y sociales: como la equiparación de los hijos naturales y la investigación de la paternidad. Ahora no se está innovando, las cosas en su puesto.

–¿Y los otros códigos? ¿El Penal, el de Comercio?

–Yo no fui profesor de Mercantil ni de Penal. Yo puedo hablar con propiedad del Código Civil, que es la ley más importante. La constitución es la ley política y el Código Civil es la ley social, los demás códigos son desprendimientos o especializaciones por leyes excepcionales del Código Civil.

–Pero critican que la mujer está en desventaja…

–Los códigos de Venezuela seguían la orientación que regía en el mundo y la ideología del mundo en esa época. El Código se amoldaba a la situación de la mujer de entonces. La reforma sobre filiación en 1916 es trascendental, al igual que la de 1942 que equipara el matrimonio y el concubinato. La cuestión está en que cada adelanto que se logre se aplique bien.

–¿Por qué?

Hay muchas leyes que son letra muerta. Aquí y en todas partes, y en todas las épocas. Se dicta legislación y después no se ejecuta. En 1928 teníamos una Ley del Trabajo pero solo para cumplir con reglas internacionales. No se llegó a aplicar nunca sino hasta que llegó López Contreras.

–¿Es frecuente que en Venezuela ni se apliquen las leyes?

–Esa es una pregunta que no me atrevo a contestar.

–¿Por qué?

Estaría juzgando la vida de la república.

Esquiva, salta al pasado, rememora alguna situación pintoresca de su juventud, pero no se compromete opinando, calificando, enjuiciando. Asume la postura del convidado de piedra, pero no pierde la oportunidad de votar porque le remordería la conciencia.

–¿Está de acuerdo con la forma como se nombran los jueces?

–De eso no conozco. Estoy apartado. Soy un muerto que respira. Pero le diré que estamos más adelantados que en otros países.

–¿Y el terrorismo judicial?

–Estoy apartado de ese mundo.

–¿En qué consiste su trabajo en la Academia de la Lengua?

–Fui Secretario muchos años. Pertenezco a ella desde 1942. Hasta hace tres años fui director.

–¿Cuál es la función de la Academia?

–Eso se lo explica mejor el director de su periódico, el doctor José Ramón Medina.

–Deseo que me lo explique usted.

–Las Academias son cuerpos sobre todo para consulta; contra lo que la gente cree, que son más para la investigación. Son cuerpos a donde se lleva a la gente por lo que ha hecho, por eso sus miembros son hombres ya mayores, como reconocimiento de su valor y su categoría.

–¿Usted escribe?

–Escribo, pero tengo guardado. No publico.

–¿Tiene miedo?

–No, sino que… ¿Para qué voy a publicar?

–Las ideas permanecen en los libros.

–El que mucho escribe, mucho disparate comete. El haber publicado ciertas obras puede ser prueba de capacidad, pero también de todo lo contrario.

Edgar Sanabria ha publicado La interpretación de la Ley, Don Rafael María Baralt, Don Miguel Antonio Caro y varios sueltos.

–¿Por qué se retiró de la vida política?

–Yo llevo una vida social, pública no. Nunca he pertenecido, ni pertenezco a ningún partido.

–¿Por qué?

–Por mi carácter. Para pertenecer a una organización partidista hay que tener una especial manera de ser…

Se percata que está hablando de lo que no quiere y apoyándose en un extraño y recurrente malabarismo conceptual, aterriza en sus conflictos vocacionales: «Si en mis tiempos hubiese existido la Facultad de Filosofía y Letras yo no hubiera estudiado Derecho. Aquella carrera es más cónsona con mis aficiones y con mis gustos».

Y de ahí salta a Caracas, a la bola mecánica que tumbó el hotel Majestic, a los tranvías tirados por caballos y el día que inauguraron el cine «Ayacucho».

«En el hotel Washington conocí el primer ascensor»,

–Hasta Guzmán Blanco, Caracas era la misma de la colonia.

Destruida en parte por el terremoto de 1812, Guzmán la reformó.

–Son muy pocas las cosas que se conservan…

–Caracas nunca tuvo muchas cosas. Guzmán fue quien más le dio a Caracas.

–¿A Gómez no le gustaba este valle?

–Yo no conocí a Juan Vicente Gómez. Lo vi de lejos una que otra vez.

–¿Era  una dictadura terrible o son exageraciones?

–Eso es para hablar largo.

–¿El país vivía de espaldas a la situación política?

–Venezuela nunca ha tenido los ojos cerrados. Todo se sabe. Antes y después.

–La Academia de Ciencias Políticas fue fundada bajo la tiranía de Gómez, ¿acaso Gómez se preocupaba por la teoría política?

–No, pero siempre se rodeó por hombres intelectualmente capaces y ellos lo aconsejaban.

–¿Esa costumbre fue imitada por los gobernantes posteriores?

–Eso lo ha vivido usted, fórmese su juicio. En los últimos gobiernos han participado personalidades de mucha valía intelectual. En toda su historia Venezuela ha tenido hombres que le pudieron haber dado muchos aportes, pero que permanecieron al margen para no mezclarse ni ser responsables de despropósitos. Han sido ignorados y ese es el sacrificio más grande, porque es el sacrificio que no tiene premio ni reconocimiento. Eso ocurrió con Rafael Bruzual López, Arévalo González, Félix Montes Néstor Luis Pérez. ¿Usted es periodista graduado?

–Sí.

–Esa es la carrera de ahora, antes los periodistas eran autodidactas.

–¿Hay buenas plumas ahora?

–¡Cómo no! Uslar Pietri es una buena pluma y no solamente en el país, afuera también. Pero muchas veces la gente es medio mezquina.

–¿Hay mezquindad?

–A veces. Un viejo refrán dice: «Si la envidia tuviera tiña, cuantos tiñosos hubiera».

Una sombra sube a la tarima, recoge el papel arrugado y se lo guarda en un bolsillo. Esfuerzo vano, estaba en blanco.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Historia de Venezuela, pensar a Venezuela, perfiles

Trazar la ruta final

Cambio - Roberto Weil

Estos trazos de Roberto Weil expresan el anhelo de toda Venezuela.

Trazar la ruta final

Por Guillermo Ramos Flamerich

La muerte de Neomar Lander el pasado miércoles nos lleva a tantas preguntas como sentimientos de dolor e impotencia. ¿Cuántas más? Han sido muchas. Demasiadas. Y no solo me refiero a las que han ocurrido en 2017 o las de 2014. Nuestras ciudades están repletas de calles y esquinas que recuerdan a algún fallecido a manos de la violencia propiciada desde el Estado. Solo que por un tiempo fueron invisibles. Siempre resulta más fácil creer salvarse el pellejo con la indiferencia. Pasar agachado para que nada ocurra. Pero esta cosa horrible que vivimos siempre ha sido el accionar de la Revolución de las Miserias. Solo que desde hace un tiempo es mucho más que evidente. Construyeron una red de hamponaje, de cómplices y, creían ellos, que de esclavos. Pero más poderosa ha sido la conciencia democrática y el sentido de supervivencia de quienes se saben ciudadanos y no están dispuestos a claudicar ante nada ni nadie.

El gobierno ha perdido la noción de todo. Para ellos no hay país, solo son un parásito represor que se chupa todos los recursos que puede brindar esta tierra y que sonríe macabramente ante la miseria de los demás. No les importa nada, salvo el hecho de que cuando esto abandone el poder, lo que les espera es tan tenebroso que prefieren arriesgarlo todo. Es como un secuestrador que empieza a picar a su víctima por pedacitos, enseñando que no le teme a matar o a morir.

Mientras tanto, los venezolanos nos debatimos en una extraña cotidianidad, bipolar, agresiva e incierta. Siempre me pregunto, ¿cómo se vivía lo cotidiano durante los grandes conflictos de la humanidad? Siempre existirán momentos para reír, para compartir con la familia y los amigos, pero ese nudo en la garganta llamado situación país, no puede abandonar nuestras mentes y nuestros corazones. Además, el que hoy sea indiferente, solo puede haber perdido todo juicio y humanidad.

Es momento de definiciones. Porque el sistema perverso que tenemos ya está completamente definido. Tiene una bala para cada uno. Lo queramos o no, aquí nadie se salva si esto sigue. Ni tú, ni yo. Este momento lo es todo. Y si alguien viene con la cantaleta de que eso se dice todos los años, solo que vea a su alrededor. El siguiente paso unitario debe ser trazar las líneas de una ruta final. El final de esta tiranía, claro está. Y el comienzo de la Venezuela que está en nosotros. Suena difícil decir eso, accionar eso, pero las cosas se deben decir. El verbo construye realidades y el verbo, el pensamiento y la acción deben ser la tríada de toda lucha que se busque exitosa.

Ellos ya desafiaron con la fecha del 30 de julio. Son unas elecciones ilegales y chucutas que nadie se las cree. Pero allí están. El fantasma de la Constituyente nos acecha. Debemos impedir que esto ocurra y que ese logro sea otro hito de lo que se está por conquistar. La lucha cívica en las calles sí ha ido fracturando al régimen, pero siempre hay que seguir innovando. Si nos quedamos en el aparato, serán más los Neomar y más alejados los días de las definiciones.

Los actuales esfuerzos de resistencia contra la dictadura son innumerables. Desde activistas culturales, deportistas, apoyos internacionales, los constantes marchantes de cada convocatoria… Todo ello se debe articular con un sentido de urgencia y con unos valores claros que se deben repetir hasta el cansancio. ¿Por qué la Democracia? ¿Por qué la Libertad? ¿Por qué la solidaridad entre venezolanos? ¿Por qué la equidad? ¿Cómo se debe dar la reconciliación? No deben ser simples adornos conceptuales, sino las premisas de la hoja de ruta. En eso la dirigencia política tiene un gran compromiso, no solo ser reactivos, sino también ser reflexivos y pedagógicos. Pensar para actuar y aprender de ello.

Si la resistencia pacífica es para quebrar los pilares del régimen, también se deben seguir fomentando los puentes para que la estructura media de lo que hoy conforma la administración pública, pueda cruzar sin miedo desde el punto del oscuro presente a un futuro que se está por construir. Lleno de inquietudes pero siempre mejor que esto que tenemos. La lucha democrática es de todos, no de individualidades. Eso lo ha ido asimilando la sociedad y en esto todos estamos incluidos. Todos.

El pueblo de Venezuela, en ejercicio de sus poderes creadores e invocando la protección de Dios, el ejemplo histórico de nuestro Libertador Simón Bolívar y el heroísmo y sacrificio de nuestros antepasados aborígenes y de los precursores y forjadores de una patria libre y soberana; con el fin supremo de refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado, que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley para esta y las futuras generaciones.

Ese es el preámbulo de la Constitución de Venezuela. El gobierno hace rato que rompió y se burló de ese pacto. Cuando alguien pretende enterrar nuestros fundamentos como nación, la respuesta siempre será la rebeldía y el desconocimiento.

*Publicado originalmente por Polítika UCAB el 16 de junio de 2017

 

Les comparto este video que hice para Instagram. Hay que seguir y resistir:

1 comentario

Archivado bajo Opinión, pensar a Venezuela

Perfiles: Gilber Caro

img_4944

El diputado Gilber Caro y Guillermo Ramos Flamerich (Salón Francisco de Miranda, Palacio Federal Legislativo, 7 de enero de 2016).

Gilber Caro

Por Guillermo Ramos Flamerich

Dice Simón Díaz en su Caballo Viejo que «después de esta vida, no hay otra oportunidad». Pero mientras estemos vivos siempre existirán nuevas oportunidades, mejores maneras de hacer las cosas y de renovar la fe como individuos, también como nación. La historia de Gilber Caro está fundamentada en una segunda oportunidad. Llevo más de seis años conociéndolo y en ese tiempo hemos podido compartir conversaciones y momentos estelares, de esos que quedan siempre en la memoria y te llevan a reflexionar.

Él estuvo diez años preso, eso nunca lo ha ocultado, más bien ha sido su carta de presentación y de superación. Cuando le preguntaba sobre cómo lo agarraron, respondía: «Terminé pagando por ser como Shakira: ciego, sordo y mudo. Por no delatar, terminé pagando condena». Después se explayaba al detalle y te llevaba casi a vivir una película de aventuras por los sitios en los que estuvo recluido: Yare, El Rodeo, el extinto Retén de Catia, en fin, más allá de la anécdota, su vida no se trata del pasado, sino de cómo ese pasado moldeó su presente y lo llevó a convertirse en un líder comunitario.

Ser un expresidiario en todas partes del mundo es un estigma. En Venezuela, aun más. Se les excluye por haber delinquido, pero buena parte del origen de esos delitos se encuentran en la exclusión de la que han sido objeto. ¿Y es que acaso marginando a alguien, despreciándolo, estamos mejorando nuestra sociedad? Mucho de lo que hoy vivimos recae en la doble moral de convertirnos en jueces implacables, perfectos e impolutos. Mientras, el país se cae a pedazos por no asumir culpas ni brindar una oportunidad al otro, por no brindar opciones y solo mirar de reojo a quienes no lucen ni piensan como nosotros. A pesar de todo eso, Gilber pudo reinsertarse a través de su fundación Liberados en Marcha, lo que luego lo llevó a la acción política en las Redes Penitenciarias y en Voluntad Popular.

A no tantos metros de la cárcel de El Rodeo está el barrio El Milagro, en Guatire. Allí viven muchos familiares de presos y justamente en ese lugar Gilber comenzó su trabajo social, brindando apoyo a las familias, creando equipo, proyectando un centro de acción comunitaria, con herramientas capaces de nutrir a ese nuevo liberado que no sabe qué hacer con su vida. Está también su iniciativa de Santa va a las cárceles, juguetes en épocas decembrinas a todos esos hijos de presos que requieren una sonrisa, un abrazo, ante una vida muchas veces más fuerte que cualquier pesadilla.

Y así siguió evolucionando, como conferencista, como dirigente político. Aprendiendo de leyes para presentar mejoras claras al sistema penitenciario. Y así llegó a ser diputado suplente del estado Miranda, justamente por el Circuito 4, allá donde está El Milagro. Recuerdo su mirada brillante, su atuendo semiformal, asistiendo al Palacio Federal Legislativo los primeros días de enero de 2016. Era el mismo Gilber del que por primera vez escuché en un evento llamado Zoom Democrático; el mismo con el que vi clases en el IESA, en el programa Lidera de la Fundación Futuro Presente. El mismo que sentía orgullo de las vueltas que había dado su vida.

Mientras escribo estas líneas –el miércoles 11 de enero– Gilber yace detenido arbitrariamente por el SEBIN (policía política venezolana). El Vicepresidente lo acusa de terrorismo y conspiración. Saca a colación todo su pasado como justificativo de su detención. ¡Qué burla tan grande! ¿Este es el gobierno que dice tener una profunda conciencia social y que construye un país más justo y de oportunidades? Esta Revolución de las Miserias solo es la peor cara de nosotros, mientras que Gilber es el rostro de las posibilidades, de las mejores posibilidades que tenemos como país.

Lo detienen por ser parte de Voluntad Popular, por su lucha en defensa de la democracia y la liberación de todos los presos políticos. Lo detienen por considerarlo débil. Y eso es lo que pasa cuando una justicia no es justa, siempre destroza al más débil en beneficio de los poderosos, de los saqueadores de esta hermosa pero apuñalada Venezuela.

¿Qué podemos hacer? Esa es una decisión muy personal. Pero esto no es una película de la que nos estremecemos, pero somos solo simples espectadores. Tenemos que ser los protagonistas del cambio, de la organización ciudadana, democrática. Con fuerza, con tanta indignación como ánimo, no dejemos que todas las oportunidades sean perdidas ni que este sacrificio que estamos viviendo como sociedad sea en vano. Hoy nos toca decir unidos #LiberenAGilber.

*Publicado originalmente por Polítika UCAB el 13 de enero de 2017

Deja un comentario

Archivado bajo Opinión, pensar a Venezuela, perfiles

#Opinión Tiempo para la política

Edo: Las rutas de la oposición

Caricatura de Eduardo Sanabria (EDO) – 4 de abril de 2014.
«Las rutas de la oposición»

Tiempo para la política

Por Guillermo Ramos Flamerich

Muchas son las ficciones que se pueden crear ante la incapacidad de salir de una crisis de nación por los métodos del diálogo y la construcción de acuerdos. Ninguna pretensión suena disparatada a la hora de imaginar. Desde quien recrea en su mente al superhéroe que vence a los cuerpos represores, los grupos armados y lleva a prisión a los rangos más altos de las esferas de poder; hasta los que confían que un clásico Golpe Militar pondrá fin a este desequilibrio. Pero las realidades son otras y la labor más terrenal para transformar esto, radica en usar la imaginación en esa herramienta tan humana llamada política.

Bastante se ha repetido: ¿Si no podemos hacer política, qué nos queda? ¿La Guerra? Lo ocurrido en Venezuela a partir de ese febrero nuestro de todos los días (parafraseando al filósofo Castro Leiva y su octubre de 1945), ha demostrado que la gente tiene un límite. El gobierno es fiel representante de un sistema corrupto, carente de soluciones y fallo en democracia. Los tornados que pasan por nuestras ciudades y dejan en su estela barricadas, marchas, protestas diarias y una aguda represión, también han ayudado a derribar la fabulada historia de una Revolución Democrática, Socialista, de Inclusión.

Es perverso hablar de inclusión cuando reniegas de un sector del país, lo apartas y lo responsabilizas de todo el mal que aqueja al Planeta Tierra. Peor aún cuando esos reclamos son los mismos de la mayoría de la ciudadanía. El único«golpe permanente» ha sido el de la inflación, la violencia, escasez, falta de garantías ciudadanas y el robo, a gran parte de una generación de jóvenes, de un futuro satisfactorio en su país.

Entonces tenemos no solo un mal gobierno, y un sistema inviable, sino algo que busca perpetuarse en el mando como si fuera la única opción para una Venezuela que está llena de posibilidades. La respuesta para vencer estas prácticas tan malas/no-democráticas/corruptas/violentas, pasa por convertirse en alternativa.

El descontento es auténtico, está en aumento, lo que no significa que la mayoría de la gente opte por la radicalización, pero sí que tengan mayor disposición para el cambio. El gobierno se ha portado de la manera más torpe posible, casi a modo de decálogo sobre qué no hacer si quieres estabilidad. Error tras error, hasta el momento los ha salvado el mayor de los vicios que poseen: la búsqueda del poder por el poder. Pero si la alternativa se divide, se estanca, el fallo en esta unión es mucho más traumática que los errores de quien gobierna.

No es momento de egos ni de culpar al otro por lo que no hizo, se trata de sumar pensamientos, de hacer política con virtud, con gracia e ingenio. Dejar a un lado el cálculo de las siguientes elecciones o los intereses particularísimos. Al ser democráticos no somos homogéneos. Todos podemos trabajar integrados hacia un futuro compartido, cada uno desde lo que mejor sabe hacer y con reglas claras. Más allá de los odios, del revanchismo y la polémica, se trata de construir y reconstruir país. Venezuela vale la pena y debe ser para todos.

Deja un comentario

Archivado bajo Opinión, pensar a Venezuela